Criterios de Retorno al Juego Tras Lesión Muscular en Fútbol
El médico dijo cuatro semanas. El calendario cumplió su palabra. El isquiotibial del jugador, no tanto.
Por el equipo de FR

Era la cuarta semana exacta. El fisioterapeuta lo había anotado en el parte médico desde el primer día: rotura fibrilar en el isquiotibial derecho, veintiocho días de baja estimada. El cuerpo técnico marcó la fecha en el planning. La prensa local publicó “vuelve para el derbi”. Y el día veintiocho, el jugador entrenó con el grupo, firmó el alta y saltó al campo en el minuto 60 del derbi.
Diez minutos después, cojeaba hacia el banquillo. Misma pierna.
Nadie mintió. El plazo de baja se cumplió al día. El problema es que ese número —veintiocho días— nunca fue una medida de si su isquiotibial estaba listo para aceptar la carga de un partido real. Era, como mucho, una estimación poblacional media aplicada a un caso individual. Y ahí es donde el sistema de decisión falla, una y otra vez, en vestuarios de todos los niveles.
Esto no es una anécdota aislada. Es, según la evidencia más reciente sobre retorno al juego (return to play, RTP) tras lesión muscular en fútbol, casi un patrón.
Por qué el tiempo de baja es una métrica pobre
El dato más sólido disponible sobre lesiones de isquiotibiales en fútbol profesional europeo viene del UEFA Elite Club Injury Study, el estudio epidemiológico de mayor recorrido y rigor del continente (Ekstrand et al.). Analizando dos décadas de datos, de la temporada 2001/02 a la 2021/22, este estudio muestra que las lesiones de isquiotibiales pasaron de representar el 12% de todas las lesiones registradas al 24%: se han duplicado como proporción del total.
Y dentro de ese universo, la recidiva —la recaída de la misma lesión— alcanzó el 18% del total de lesiones de isquiotibiales registradas. Lo relevante para este artículo no es solo ese porcentaje. Es cuándo ocurren esas recaídas: el 69% de ellas se produjo dentro de los dos primeros meses tras el alta médica. No al azar a lo largo de la temporada. Concentradas, con fuerza, justo después de que el jugador fuera declarado “apto”.
Otro dato del mismo estudio desmonta por sí solo la fiabilidad del “número de semanas” como criterio: el tiempo de baja mediano fue de 13 días, pero varió radicalmente según el tipo de lesión. Las lesiones estructurales —con rotura de fibras visible en resonancia magnética— tuvieron una mediana de 17 días de baja. Las funcionales —edema sin rotura clara— solo 6 días. Casi el triple de diferencia, dentro de la misma categoría genérica de “lesión de isquiotibiales”.
Si la propia estimación de días de baja varía tanto según el tipo exacto de lesión, ¿qué sentido tiene fijar una fecha de alta basada solo en un calendario? La literatura reciente sobre RTP en fútbol coincide en un punto: el tiempo transcurrido es una variable de contexto, no un criterio de decisión. La recaída global de isquiotibiales en el deporte de élite suele situarse entre el 15% y el 20%, con estudios puntuales que reportan picos superiores —una cifra orientativa, no un número cerrado, dado que distintas fuentes la calculan con metodologías distintas.

Qué es realmente un criterio de retorno al juego basado en datos
Si el calendario no basta, ¿qué lo sustituye? Aquí es donde entra la revisión de alcance de Perna, Kerin, Greig y Beato, publicada en Research in Sports Medicine (2025), que analizó 19 estudios sobre criterios de RTP tras lesión de isquiotibiales en fútbol profesional masculino.
Su conclusión central es incómoda para cualquiera que busque una fórmula simple: no existe un protocolo estandarizado entre clubes ni entornos profesionales. Lo que sí existe es un consenso creciente en que hay que combinar varios tipos de criterio, nunca depender de uno solo. Los autores los agrupan en tres bloques:
- Criterios clínicos: ausencia de dolor, rango de flexibilidad recuperado, alta médica formal, preparación psicológica del jugador y, cuando aplica, control por imagen (ecografía o resonancia).
- Criterios de fuerza: tests de fuerza muscular, habitualmente de fuerza excéntrica de isquiotibiales, comparando la pierna afectada con la sana y con los valores previos a la lesión.
- Criterios de rendimiento: tests funcionales específicos del deporte —saltos, sprints, cambios de dirección— y, cada vez más, datos de carga externa en campo.
Ningún bloque sustituye a los otros dos. Un jugador puede estar libre de dolor y aun así tener un déficit de fuerza excéntrica del 20% en la pierna lesionada. Puede tener fuerza simétrica y seguir mostrando aprensión psicológica al esprintar a máxima velocidad. La decisión de alta, según esta línea de evidencia, se construye cruzando las tres capas, no marcando una sola casilla.
Fuerza excéntrica de isquiotibiales: el dato que no puede faltar
De los tres bloques, el de fuerza es el que más literatura cuantitativa ha generado, gracias a la popularización de dispositivos como el Nordbord para medir la fuerza excéntrica en el gesto del nordic hamstring.
Un estudio de referencia (Buchheit et al., International Journal of Sports Physiology and Performance, 2016), con una muestra combinada de 81 futbolistas y 41 jugadores de fútbol australiano, propuso una ecuación predictiva para estimar la fuerza excéntrica esperada de un jugador según su masa corporal:
Fuerza excéntrica (N) = 4 × masa corporal (kg) + 26,1
De esa ecuación surge un umbral orientativo citado con frecuencia en la literatura de prevención: 256 newtons, por debajo del cual el riesgo de lesión aumenta de forma relevante. Un jugador que se desvía ±40N (aproximadamente ±12%) de su valor esperado según su peso se considera con un desequilibrio de fuerza que merece atención.
Conviene un matiz de rigor aquí: aunque la muestra de ese estudio sí incluye futbolistas de fútbol asociación (no es un dato exclusivo de otro deporte, como a veces se simplifica), tampoco es un estándar único y validado específicamente como corte de alta tras lesión. Funciona mejor como referencia de riesgo y de seguimiento del progreso —¿se está acercando el jugador a su valor esperado?— que como un número mágico que autoriza o deniega el regreso a competición por sí solo.
Lo que sí parece consistente en la literatura sobre asimetrías de fuerza en deportes afines es que las diferencias entre piernas importan, y no como matiz menor. En fútbol gaélico de élite, hasta un 40% de los jugadores presenta asimetrías absolutas de fuerza excéntrica superiores al 10% entre piernas. En rugby de élite, asimetrías del 15% y del 20% se han asociado a un riesgo relativo de lesión futura de 2,4 y 3,4 veces respectivamente, según la línea de investigación de Timmins y Opar sobre fuerza excéntrica de isquiotibiales. La fuerza importa, y la simetría entre piernas también.
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LSI (Limb Symmetry Index): el 90% que usa todo el mundo, y por qué podría no bastar
El Limb Symmetry Index (LSI) compara el rendimiento de la pierna lesionada frente a la sana, expresado en porcentaje. Es, probablemente, el criterio numérico más citado en toda la literatura de retorno al deporte, no solo en lesión muscular.
El corte clásico, y todavía el más usado en la práctica según una revisión de alcance con acceso completo confirmado sobre criterios de “return to performance” en fútbol, sigue siendo un LSI superior al 90% para tests de fuerza y funcionales, con un rango que en algunos protocolos baja hasta el 85% según el test concreto empleado.
Pero parte de la investigación más reciente —desarrollada mayormente en el contexto de reconstrucción de ligamento cruzado anterior y extrapolada con cautela a la lesión muscular, sin que exista aún el mismo volumen de evidencia específica para isquiotibiales— apunta a que un umbral más exigente, en torno al 96%, predice mejor un retorno exitoso y sin recaída que el clásico 90%.
Hay además una trampa metodológica que todo preparador debería conocer antes de fiarse ciegamente del LSI: el índice puede sobreestimar la preparación real del jugador si la pierna “sana” también está descondicionada tras semanas sin competir a máxima intensidad. Comparar pierna contra pierna sin contrastar contra los valores previos a la lesión puede dar una falsa sensación de simetría, cuando en realidad ambas piernas han perdido capacidad.
La misma revisión de alcance sobre “return to performance” identifica seis dominios completos de evaluación —examen clínico, fuerza, tests funcionales, tests de rendimiento en campo, tiempo transcurrido y factores psicológicos— y encuentra que los tests de salto (hop tests: salto simple, cruzado, triple, cronometrado) aparecen en 19 de los estudios analizados. Su conclusión más incómoda: el cumplimiento medio de las cinco recomendaciones de consenso sobre tests de retorno al deporte fue de solo 2 sobre 5 puntos entre los estudios revisados. Es decir, la mayoría de protocolos usados en la práctica real están lejos del estándar que la propia ciencia recomienda.

GPS y carga: la prueba de fuego en el campo
Aquí es donde el dato de Guitart et al. cobra todo su sentido, porque conecta directamente con el gancho de este artículo. El estudio, publicado en Biology of Sport (2025), siguió a 333 futbolistas de élite —filial, U-19 y U-18 de un club de LaLiga en Champions League— durante cinco temporadas, analizando 248 lesiones con datos GPS reales (WIMU PRO).
Su hallazgo central: tras una lesión grave de isquiotibiales (más de 28 días de baja), la velocidad máxima del jugador cae 1,43 km/h en la primera semana tras el regreso, y la distancia recorrida a alta velocidad (HSR) se reduce 32,90 metros. En lesiones leves, la caída de HSR en esa primera semana llega incluso a 45,81 metros. El rendimiento tarda hasta cinco semanas en recuperar los niveles previos a la lesión. Las lesiones de cuádriceps, por comparación, impactan significativamente menos el rendimiento post-alta, con una carga externa más estable.
Léase de nuevo esa cifra: hasta cinco semanas para recuperar el nivel previo, después de recibir el alta médica. El alta no es el final de la historia de la lesión. Es el principio de otra fase de riesgo, probablemente la más peligrosa de todas, porque es cuando el cuerpo técnico y el propio jugador bajan la guardia.
Esa ventana coincide, de forma bastante consistente, con la concentración de recidivas que muestra el UEFA Elite Club Injury Study: el 69% de las recaídas de isquiotibiales ocurre en los dos meses siguientes al alta. No es casualidad. Es la misma fase de vulnerabilidad vista desde dos estudios distintos.
Por eso el GPS se ha convertido en herramienta habitual de la reconstrucción de carga tras lesión, más allá del día del alta médica. Según una guía práctica publicada en JOSPT Open (2025) sobre retorno a la carrera y rehabilitación en césped, el regreso a correr tras lesión muscular en fútbol de élite se inicia típicamente en un rango de 12 a 17 km/h —aproximadamente el 50% de la velocidad punta de un futbolista profesional medio— antes de introducir tareas específicas de baja intensidad. La misma revisión sobre “return to performance” señala que los pocos estudios que especifican umbrales de carga externa hablan de superar el 75% de la carga de partido y el 90% de la velocidad máxima antes de progresar de fase.
Tiene además un fundamento de prevención: la carrera de alta velocidad y el sprint están asociados a aproximadamente el 70% de las lesiones musculares sin contacto en fútbol, según la literatura de monitorización de carga. Pero, en un matiz que sorprende a muchos preparadores noveles, un mayor volumen agudo de HSR y sprint bien planificado actúa como factor protector; son los picos de velocidad máxima aguda combinados con un volumen crónico total ya elevado los que disparan el riesgo. La exposición progresiva y controlada a la alta velocidad no es un lujo dentro del protocolo de RTP: es, según esta evidencia, parte del propio criterio de alta.
Dentro de este bloque de criterios de rendimiento se sitúa también el test de Askling (Askling H-test), una prueba de flexibilidad activa y aprensión en cadera que varios protocolos incorporan como criterio complementario. Los protocolos que lo incluyen reportan tasas de recidiva sensiblemente más bajas que la media general del sector, aunque conviene tomar las cifras exactas de tiempos de recuperación y porcentajes de recidiva publicadas para este test con cautela: en esta investigación no se accedió al estudio original de Askling, y los datos concretos que circulan proceden de fuentes secundarias que conviene verificar contra la fuente primaria antes de citarlos con precisión decimal.
Un apunte similar aplica a una encuesta reciente sobre práctica real entre profesionales de fútbol europeo de élite (Journal of Sports Rehabilitation, 2026), que sitúa la ausencia de dolor, la flexibilidad, la preparación psicológica, la fuerza excéntrica y la exposición progresiva en campo entre los criterios considerados más importantes por los propios clínicos del deporte. El texto completo de esa encuesta está tras muro de pago; lo que se conoce procede de su resumen indexado, así que sus cifras exactas de importancia relativa deben tratarse como orientativas hasta consultar el estudio completo. Existe además, según se ha podido confirmar, una revisión sistemática de mayor alcance sobre este mismo tema (Sports Medicine, 2026) que apunta a que la comunidad científica está sistematizando activamente este cambio de paradigma en el retorno al juego, aunque tampoco fue posible acceder a su contenido completo para extraer cifras concretas.
Diseña protocolos de retorno al juego con criterio, no con calendario
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El enfoque “a medida”: por qué no existe un protocolo único
Todo lo anterior desemboca en la tesis más reciente y, quizás, más importante de este campo: la que defienden Perna, Kerin, MacDonald, Jokela, Lempainen y Beato, desde el departamento médico del Chelsea FC, en un artículo publicado en International Journal of Sports Physiology and Performance (2025-2026).
Su argumento central: el protocolo de retorno al juego debe adaptarse a la estructura anatómica y a la localización exacta de la lesión —no es lo mismo una lesión de la unión miotendinosa que una del tendón intramuscular, con pronósticos y tiempos de recuperación funcional distintos—, a la gravedad, al mecanismo lesional (estiramiento a alta velocidad frente a estiramiento máximo, por ejemplo) y a la carga de trabajo que el jugador venía tolerando antes de lesionarse.
No existe, según esta línea de trabajo, un protocolo de RTP aplicable a toda lesión de isquiotibiales por igual. Existe una decisión de RTP, tomada con datos, para cada jugador y cada lesión concreta. Es, en el fondo, el mismo argumento que separa a un preparador que fija fechas de un preparador que interpreta información: los datos no sustituyen el criterio profesional, lo alimentan.
Checklist práctico para el preparador físico
Ninguno de estos criterios funciona de forma aislada. Antes de dar el visto bueno —siempre en coordinación con el cuerpo médico— a que un jugador entrene con el grupo o compita, la evidencia disponible sugiere revisar, como mínimo, estas cuatro capas:
- Capa clínica: ausencia de dolor en el gesto específico de la lesión, rango de flexibilidad recuperado, alta médica formal y valoración por imagen si el caso lo requiere.
- Capa de fuerza: test de fuerza excéntrica de isquiotibiales (tipo Nordic/Nordbord), comparando ambas piernas entre sí y contra los valores previos a la lesión del propio jugador, no solo contra un umbral genérico.
- Capa de rendimiento: tests funcionales (hop tests, LSI por encima del 90%, con la cautela de contrastar contra datos previos a la lesión) y progresión controlada de carga GPS hasta superar aproximadamente el 75% de la carga de partido y el 90% de la velocidad máxima habitual del jugador.
- Capa psicológica: confianza real del jugador al exponerse a esprints a máxima velocidad y a acciones de cambio de dirección, no solo ausencia de dolor declarado.
Una advertencia necesaria: este checklist es una herramienta de apoyo a la decisión, pensada para el diálogo entre preparador físico, fisioterapeuta y servicios médicos del club. No sustituye el diagnóstico ni el criterio clínico individualizado de los profesionales sanitarios responsables del jugador, ni pretende ser un protocolo de diagnóstico médico. Cada retorno al juego es, por definición, un caso particular.

La decisión que de verdad importa
Volvamos al jugador del derbi. Su caso no fue un fallo de comunicación entre el fisioterapeuta y el cuerpo técnico. Fue un fallo de criterio de decisión: se autorizó el regreso con una sola variable —el tiempo transcurrido— cuando la evidencia disponible pide al menos cuatro.
El “cuándo puede volver” nunca fue una pregunta de calendario. Es una pregunta de datos: fuerza excéntrica, simetría entre piernas, exposición progresiva a la alta velocidad, y la conversación honesta con el propio jugador sobre cómo se siente al esprintar al máximo. Cuatro capas que, combinadas, dicen mucho más que veintiocho días marcados en un planning.
Diseñar ese protocolo, capa a capa, para cada lesión y cada jugador, es exactamente el tipo de trabajo que separa a un departamento de readaptación de vanguardia de uno que se limita a contar días en un calendario. Es el trabajo para el que está diseñado el Curso Híbrido Entrenamiento Fuerza y Readaptación en Fútbol: no como sustituto de este artículo, sino como el lugar donde ese protocolo se construye con profundidad y metodología.
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Fuentes y referencias
- Ekstrand J, et al. *UEFA Elite Club Injury Study*, datos de lesiones de isquiotibiales 2001/02-2021/22. PMC9985757.
- Guitart M, Alonso-Callejo A, Rodas G, Cos F, et al. “How do muscle injuries relate to return-to-performance metrics in male elite football players?” *Biology of Sport*, 2025. PMC12884885.
- Perna P, Kerin F, Greig N, Beato M. “Return-to-play criteria following a hamstring injury in professional football: a scoping review.” *Research in Sports Medicine*, 33(2):175-194, 2025. PMID: 39666593.
- Perna P, Kerin F, MacDonald B, Jokela A, Lempainen L, Beato M. “Return-to-Play Criteria Following a Hamstring Injury in Professional Soccer: Time for a Tailor-Made Approach.” *International Journal of Sports Physiology and Performance*, 21(6):773-777, 2025/2026. PMID: 41192410.
- Buchheit M, et al. “The Effect of Body Mass on Eccentric Knee-Flexor Strength Assessed With an Instrumented Nordic Hamstring Device (Nordbord) in Football Players.” *International Journal of Sports Physiology and Performance*, 11(6):721-726, 2016.
- Scoping review sobre criterios de “return to performance” en fútbol tras lesión musculoesquelética. PMC12850624.
- “An Evidenced-Informed Approach to How Injured Professional Soccer Players Can Successfully Return to Running and Begin Grass-Based Rehabilitation.” *JOSPT Open*, 2025. DOI: 10.2519/josptopen.2025.0115.
- Línea de investigación de Timmins/Opar sobre asimetrías de fuerza excéntrica de isquiotibiales y riesgo de lesión en fútbol gaélico y rugby de élite.
- “Return-to-play criteria for hamstring injuries in elite European football: a survey of current practice.” *Journal of Sports Rehabilitation*, 2026 (resumen indexado; sin acceso al texto completo).
- “Return-to-Play Criteria Following Lower Limb Muscle Injuries in Soccer: A Systematic Review with Evidence Synthesis.” *Sports Medicine*, 2026 (existencia confirmada; sin acceso al contenido completo).
Este artículo tiene fines informativos y de apoyo a la toma de decisiones de preparadores físicos, readaptadores y cuerpos técnicos. No constituye consejo médico ni sustituye el diagnóstico, el criterio clínico ni la supervisión de profesionales sanitarios cualificados.
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