Hoy traemos un artículo redactado por Samuel López, Readaptador físico y CEO del Centro de Entrenamiento y Recuperación de Lesiones Élite, en Málaga. Este centro es especialista en preparación física y recuperación de lesiones tanto para deportistas de élite como para personas que no se dedican al deporte de forma profesional.

Claves para el proceso de readaptación de LCA

En los últimos años hemos podido ver como se suceden las lesiones de rodilla en la población en general, especialmente en deportes colectivos. Durante los últimos tres años hemos podido llevar a la práctica el trabajo propuesto en la literatura científica debido a la alta demanda que hemos experimentado en nuestro centro para la recuperación de esta lesión. En estos años nos hemos encontrado lesiones cada vez más tempranas de esta estructura y en diversos deportes, siendo predominante el fútbol, en gran parte creo que por ser la especialidad de la mayoría de entrenadores de nuestro centro. Actualmente sabemos que la rotura de LCA es de las 31 lesiones más comunes en fútbol, es la que más días de baja causa, sin embargo, si que podemos saber que una vez ocurrida, la recidiva de esta lesión no está entre las 30 más comunes (Ekstrand et al., 2020). Por otra parte, es preocupante ver como no se está consiguiendo descender el número de este tipo de lesiones (Waldén, Hägglund, Magnusson, & Ekstrand, 2016), más aún cuando sabemos que hay mecanismos para reducir el riesgo de lesión.

Esta lesión es una de las más temidas por su largo proceso de recuperación, esto hace que solo 2 de cada 3 futbolistas (un 65%) vuelva a rendir a nivel top en los 3 años posteriores a la lesión (Waldén et al., 2016). Es difícil resumir un proceso de recuperación tan largo y complejo en tan pocas palabras, en estas líneas ofreceremos unas pinceladas de lo más destacable.

El ligamento cruzado anterior (LCA) es un elemento principal para la estabilidad de la rodilla. Este ligamento como su propio nombre indica cruza tanto el plano sagital como el frontal, uniendo el fémur con la tibia. Waldén (et al., 2015)cifra que el 85% de las lesiones de LCA que se producen en fútbol masculino ocurren por mecanismo indirecto, siendo el colapso que provoca el valgo dinámico de rodilla, el principal motivo por el que se llega a la rotura, y parece que esto sería extrapolable al fútbol femenino, aunque podemos observar que las mujeres deportistas son de 2 a 8 veces más propensas a sufrir lesiones en el LCA, debido principalmente a diferencias neuromusculares durante la pubertad (Van Melick et al., 2016).

Los mecanismos más repetidos son:

  • Desaceleración con Rotación Interna de la Rodilla.
  • Recuperar el equilibrio tras una acción de juego.
  • Aterrizaje con extensión de rodilla y cadera (Waldén et al., 2015).

Por lo tanto, sabemos que es importante trabajar en la musculatura implicada en estas acciones como en una correcta ejecución es estos casos, tanto para reducir el riesgo de lesión como para readaptar al jugador es de vital importancia reproducir los mecanismos lesionales.

PROCESO DE RECUPERACIÓN

La primera pregunta que tiene todo el mundo es, ¿cuánto tiempo voy a tardar en recuperarme? Y la respuesta a esta pregunta es muy compleja, porque depende de muchos factores: el tipo de operación, el momento en el que se empieza la rehabilitación, la calidad de esta, cómo se integra la plastia, cómo evoluciona el sujeto, qué tipo de descompensaciones traía previamente, cómo de alarmantes eran esas descompensaciones, si realiza preoperatorio, nivel del deportista, edad, etc. Hasta hace muy poco tiempo, se estaba hablando de unos 6 meses para volver a competir y se estaba llevando a cabo de esa manera, sin embargo, el número de recidivas y otras lesiones asociadas a una vuelta prematura a la práctica deportiva han hecho que los profesionales del deporte, comenzáramos a plantearnos otros plazos más seguros. Autores en estudios recientes recomiendan que este proceso de recuperación sea entre 9 y 12 meses (Van Melick et al., 2016).

Como en cualquier tipo de lesión es muy importante contar con un buen equipo multidisciplinar para un trabajo que permita al atleta una recuperación eficiente. La comunicación de este equipo es clave para hacer un buen trabajo. El trabajo del readaptador es primordial en todas las fases y debe enfocarse principalmente en:

  • Trabajo de Core: El término core está siendo usado para describir el complejo de la cadera y lumbopélvico, así como la musculatura que la rodea (Saeterbakken & Fimland, 2012). En nuestro caso hacemos referencia a toda la musculatura encargada de estabilizar la cadera (musculatura abdominal, paraespinales, suelo pélvico, glúteos, etc.). Hay evidencia científica de que esta estabilidad del core está relacionada con lesiones en otras articulaciones y predisponen al atleta a lesiones en extremidades inferiores (Zazulak, Cholewicki, & Reeves, 2008). De hecho, se relaciona de manera directa una disfunción de la estabilidad del core con alto riesgo de una lesión de LCA.
  • ROM de tobillo: De igual manera la primera estructura que está en contacto con el suelo es el pie, y la articulación más cercana es la del tobillo, por lo tanto, son estructuras muy capacitadas para absorber las FRS. En muchos casos, la musculatura o las fascias del pie se encuentran sobrecargadas y el tobillo no goza de un buen ROM que le permita hacer lo propio, por lo que la siguiente articulación que va a verse obligada a absorber dicha energía será la rodilla.
  • Trabajo de glúteo: Aunque el glúteo debería estar incluido en el trabajo de core, su papel es tan fundamental en las lesiones de rodilla que conviene tratarlo de manera especial. En Presswood, et. al (2008) analizan diferentes propuestas y proponen una progresión que nosotros hemos interpretado y modificado: ejercicios de cadena cinética abierta à ejercicios de cadena cinética cerrada decúbito à ejercicios en bipedestación à ejercicios unilaterales à ejercicios pliométricos bilaterales à ejercicios pliométricos y de desplazamiento unilaterales (funcionales) à simulación de gestos específicos y perturbaciones.
  • Entrenamiento neuromuscular y propioceptivo: El entrenamiento neuromuscular esta definido como el entrenamiento para mejorar la respuesta motora inconsciente por las señales aferentes y mecanismos centrales responsables del control dinámico de la articulación. Estos ejercicios están diseñados para provocar activación muscular y compensar patrones que faciliten la estabilidad dinámica de la articulación (Van Melick et al., 2016).Cuando hablamos de entrenamiento propioceptivo, no podemos referirnos simplemente a mantener el equilibrio sino a la capacidad de la musculatura para adaptarse y reequilibrarse ante situaciones dinámicas como las que el deportista se encontrará en la competición. En este aspecto, su entrenamiento va enfocado de la misma manera que el trabajo de core, y tendremos que buscar dentro de nuestro entrenamiento de fuerza situaciones que sometan a estrés al deportista para que tenga que trabajar en ese re-equilibrio.
  • Entrenamiento de fuerza: El objetivo del trabajo de fuerza debe ser el de conseguir un control motor óptimo, provocar cambios adaptativos en la musculatura del sujeto y preparar al deportista para la competición gracias a la optimización del rendimiento, aspecto que va ligado a la prevención de futuras lesiones, así como el de adaptar la musculatura a que responda en estados de fatiga elevados. El entrenamiento tradicional de fuerza es uno de los métodos más eficaces para mejorar la fuerza muscular, gracias a los cambios adaptativos de la musculatura, por ejemplo cambios en las fibras musculares, y en el sistema nervioso (Lee & Carroll, 2007). Al comienzo, el trabajo de fuerza, como en todos los procesos de recuperación, debe ir enfocado a mitigar la En las primeras semanas sería interesante la electroestimulación o trabajo contralateral, ya que ninguno de estos necesita de la movilidad o la estabilidad de la articulación lesionada. Más adelante, debe ir orientado a lograr unos Patrones Motores Básicos normalizados, para continuar con el trabajo excéntrico, en este caso deberíamos incluir trabajo con dispositivos inerciales. En las últimas fases debemos centrarnos en reducir la asimetría entre miembros, restablecer valores del ratio H:Q y el entrenamiento unilateral funcional y específicos del deporte.
  • Entrenamiento específico: La habilidad para rendir en acciones de alta intensidad es factor predictivo de éxito en la mayoría de deportes de equipo, acciones como la aceleración, la velocidad máxima de carrera, los cambios de dirección o cualquier acción explosiva y la especificidad es importante para provocar adaptaciones y mejoras en este rendimiento (Gonzalo-Skok et al., 2017). El entrenamiento específico ha demostrado mejoras significativas después de la reconstrucción del LCA, en una propuesta de (Souissi et al., 2011) se observó como introduciendo a partir del 4º mes, entrenamiento pliométrico, de spints y CODs provocó mejores resultados en test como el CMJ, Single Hop Test o el Agility T Test.
  • Vuelta a la carrera: (Rambaud, Ardern, Thoreux, Regnaux, & Edouard, 2018) nos ofrece una guía actualizada, tras una revisión exhaustiva (más de 200 artículos) con los criterios que deberían cumplirse. Los criterios que no deberían ser negociables son: ROM completo de la rodilla o >95% de la pierna no lesionada, además de la extensión completa; dolor <2 en la escala EVA; ausencia de edema. Otros criterios podrían ser más flexibles: >70% de fuerza isométrica con respecto a la pierna sana y un >80% en cuádriceps; >70% en fuerza isocinética en Isquiotibiales y Cuádriceps; >70% en hop test respecto a la pierna sana; valgo dinámico en 45º de Single Squat y un buen control motor (test de equilibrio, Y-Balance Test o Star Test).

Como podemos ver los factores que tenemos que controlar son muy diversos y sobre cada uno de ellos podríamos escribir posts completos. Nos hemos dejado en el tintero aspectos interesantes como la cronología y fases de la lesión, el trabajo preventivo para reducir el riesgo de rotura de LCA, el return to play o las valoraciones que creemos más idóneas para dar el alta deportiva al jugador.

Por último, no debemos olvidar que todo lo que estamos hablando está finalmente ligado al trabajo de fuerza, que es la capacidad física básica, el déficit de fuerza es el que va a provocar que haya descompensaciones (por falta de actividad muscular en alguna estructura muscular), asimetrías (un miembro más fuerte que otro), propiocepción (poca capacidad de la musculatura para adaptarse al entorno por falta de fuerza en algún momento), etc.