El entrenamiento de los deportes de equipo ha sufrido una gran evolución desde finales de los años 90. Durante todos estos años, hemos ido bebiendo de las diferentes metodologías de otros deportes con mayor historia desde el punto de vista del entrenamiento de la fuerza, como son la Halterofilia con sus movimientos olímpicos y el Sprint, para mejorar la velocidad de nuestros futbolistas.

Poder disponer de todo este conocimiento para poder aplicarlo en nuestros equipos nos ha permitido avanzar rápido sobre nuestra propia metodología, ya que simplemente hemos necesitado adaptar esto que ya estaba probado, a las características propias de nuestro deporte (metros, nº de repeticiones,…). Sin embargo, hay una capacidad que en los deportes de equipo cada vez toma más relevancia que, por desgracia, apenas se ha tenido que desarrollar en otros ámbitos. Esta es la CAPACIDAD DE FRENAR.

Esta capacidad tiene cada vez más relevancia porque cada vez los futbolistas aceleran más, lo que implica que para poder gestionar y aprovechar esta capacidad. También es imprescindible frenar donde el jugador quiera y de la forma más intensa posible.

La capacidad de frenar la podemos definir cómo la máxima aceleración negativa que es capaz de generar el futbolista, logrando así perder la mayor velocidad posible en el menor espacio y por tanto en el menor tiempo posible.

La mejora de la capacidad de frenar nos va a permitir:

  • Frenar más tarde
  • Mantener más tiempo la velocidad máxima de carrera
  • Acelerar antes

Para poder plantear estrategias de mejora de esta capacidad, es importante conocer cómo se produce esta acción y cuál es el parámetro más importante en las ecuaciones para calcular la capacidad de frenada, ya que esto nos va a indicar en lo que tenemos que centrar nuestro foco durante los entrenamientos.

Cuando corremos, nos desplazamos a través de apoyos con una duración muy pequeña en los que tratamos de aplicar la máxima fuerza posible, desde el punto de vista físico. A estas acciones se las denomina impulso.

El impulso se define como la variación de velocidad en un cuerpo después de aplicarle una fuerza en un tiempo concreto.

Es importante entender esto porque si un futbolista pasa de una velocidad de 28 km/h a 5 km/h en 15 metros y tarda 3,5 segundos, los cálculos que haremos así serán falsos, porque realmente este futbolista sólo va a aplicar fuerza el tiempo que tenga cada uno de sus pies en el suelo en los pasos que necesite hasta llegar a 5km/h.

Imaginemos que necesita 3 apoyos y cada apoyo es de 0,5 segundos. Realmente esos son los tres momentos en los que el futbolista podrá aplicar fuerza para reducir su velocidad.

Por estos motivos para poder mejorar la capacidad de frenar, debemos utilizar estrategias orientadas hacia:

  • Aumentar la aplicación de fuerza en tiempos de contacto pequeño.
  • Mejorar nuestra aplicación de fuerza isométrica/ excéntrica con pocos grados de flexión de rodilla, tal como se produce en la carrera.
  • Mantener la estabilidad del tronco evitando que sobrepase la línea de nuestros pies, ya que si nuestro centro de gravedad nos adelanta, nos caeremos.

La máquina Inercial

La máquina inercial tiene tres características fundamentales que la convierten en una herramienta muy eficaz para mejorar la capacidad de frenar:

  1. La velocidad de la carga es muy alta y esto nos obliga a aprender a gestionar tiempos muy pequeños.
  2. Gran componente horizontal de la carga, tal como sucede en la carrera.
  3. Complejidad elevada en la ejecución que nos ayuda a mejorar nuestra eficacia técnica en la aplicación de fuera contra el suelo en la gestión de las fuerzas horizontales y verticales.

Dentro de los dos tipos de máquina inercial, la más adecuada para trabajar este tipo de acciones es la Polea Cónica ya que su eje nos permite una mayor aceleración de la carga y poder potenciar el plano horizontal.

Nuestra recomendación es trabajar con momentos de inercia altos (con todas las masas puestas) ya que al empujar con todo el cuerpo la aplicación de fuerza es alta, y lo más importante, trabajar con el máximo diámetro posible de nuestra máquina.

El eje cónico actúa como el cambio de marchas de un coche, facilitándonos la capacidad de acelerar la carga a medida que vamos desenrollando la cuerda para llegar al final de la fase concéntrica con la mayor velocidad posible. Esto va a obligar al deportista a gestionar en muy poco tiempo una gran desventaja mecánica al tener que comenzar a frenar esa velocidad en el momento que la cuerda está en el mínimo radio de eje (punto de mayor fuerza de la máquina).

En los deportes de equipo está aceptada la valoración de la frenada con los tres últimos apoyos, y esto tiene más que ver con la acción del juego que con la eficiencia del gesto técnico. El motivo es que estos tres apoyos finales siempre se van a suceder igual al estar determinados por la pierna hábil del jugador, si este es diestro comenzará el antepenúltimo apoyo con la pierna izquierda, el penúltimo con la derecha, y el último otra vez con la izquierda para tener libre su pierna hábil que es la derecha para poder manejar la pelota.

El trabajar esta capacidad nos debe de llevar al mismo planteamiento del trabajo de la velocidad de sprint. Las necesidades del juego las van transformando los jugadores a medida que sus prestaciones van mejorando y las pueden manifestar en el campo. Siempre nos va a interesar que nuestros jugadores sean los que más aceleren y los que mejor frenen, ya esto les va a dar multitud de recursos ante las distintas circunstancias del juego, que ellos deberán de saber manejar en beneficio del esquema de juego que marque el entrenador.