Amistosos de Pretemporada: Cómo Gestionar la Carga y el Riesgo de Lesión Antes de la Liga
No son un trámite ni una gira comercial disfrazada de entrenamiento. Bien diseñados, los amistosos son la herramienta más específica que tiene un preparador físico para dosificar minutos, progresar intensidad y decidir quién está listo para competir.
Por el equipo de FR

24 de julio de 2026. El Real Madrid juega a puerta cerrada contra el Alcorcón en Valdebebas. Sin grada, sin cámaras de las televisiones internacionales, sin la maquinaria comercial que acompaña al club en otras giras. Cuatro días después, repite fórmula ante el Leganés, de nuevo a puerta cerrada.
A partir de ahí, el nivel de exigencia sube escalón a escalón: cuatro días más tarde, un Fiorentina ya con grada, en Austria. Una semana después, un Ferencváros en Budapest, ante 22.000 espectadores. Cuatro días más tarde, un Deportivo de La Coruña en un Riazor lleno, dentro del histórico Trofeo Teresa Herrera. Y para cerrar, cuatro días después, un Schalke 04 en el Veltins-Arena alemán, con capacidad para 62.000 personas —el último test antes de que, seis días más tarde, arranque la Liga ante el Espanyol.
Visto desde fuera, parece simplemente un calendario de partidos cualquiera. Visto desde el cuerpo técnico, es otra cosa completamente distinta: una progresión de exposición, de menos a más, de un contexto de bajo perfil —sin grada, sin presión— a uno de exigencia creciente, con más público, más nivel de rival y más parecido al primer partido de liga. No hay confirmación pública de que el Real Madrid haya diseñado ese calendario explícitamente por criterios de carga —es un patrón observable, no una declaración de intenciones—, pero ilustra exactamente el problema que enfrenta cualquier preparador físico antes de que arranque la liga: ¿cómo llevar a veintitantos jugadores, con historiales y niveles de base distintos, desde el primer entrenamiento de pretemporada hasta el primer partido oficial, sin que nadie llegue lesionado ni sin que nadie llegue “en blanco” de competición?
La respuesta tiene menos que ver con la intuición y más con datos concretos de incidencia de lesión, de exposición a partido y de progresión de intensidad. Y empieza por una idea que contradice la percepción general: el amistoso no es fútbol de mentira.
Por Qué el Amistoso No Es “Fútbol de Mentira”: el Dato de Incidencia de Lesión
Un estudio prospectivo realizado durante cuatro temporadas consecutivas (2003/04 a 2006/07) sobre un equipo profesional español de categoría sub-élite encontró una diferencia notable entre el riesgo de lesión en partido oficial y en amistoso: 55,8 lesiones por cada 1.000 horas de exposición en competición oficial, frente a 22,6 lesiones por cada 1.000 horas en partidos amistosos. Es decir, jugar en competición oficial multiplicó por 2,5 el riesgo de lesión respecto a jugar un amistoso, según ese estudio concreto.
Conviene matizar el origen del dato: es un estudio de un solo club de categoría sub-élite, no un metaanálisis de la élite europea, así que la cifra debe leerse como “un estudio encontró esta magnitud de diferencia”, no como un consenso universal aplicable a cualquier competición del mundo. Pero como orden de magnitud, es útil. Y encaja con algo que la literatura de referencia sobre lesiones en fútbol profesional viene documentando desde hace más de una década: el UEFA Elite Club Injury Study, con más de 6.000 partidos y 2.700 lesiones analizadas en 26 clubes de 10 países durante nueve temporadas, confirma que el tipo de competición —amistoso frente a oficial— es una variable de riesgo reconocida, junto con el resultado del partido y la condición de local o visitante.
¿Por qué existe esa diferencia? La explicación más plausible no es que el amistoso sea “más flojo” físicamente. Es que la intensidad competitiva real —la presión del resultado, el ritmo impuesto por un rival que también se juega algo, las decisiones bajo fatiga en los minutos finales— es en sí misma un factor de riesgo. El amistoso, aunque se juegue a un ritmo alto, no reproduce ese componente psicológico y competitivo al cien por cien. Eso no lo convierte en un entrenamiento sin más: lo convierte en un escalón de exposición intermedio, entre la sesión de campo y la competición oficial, que ningún otro tipo de sesión puede replicar.
Ahí está la primera idea que cambia el marco mental: el amistoso no sustituye al entrenamiento ni sustituye a la competición. Ocupa un espacio propio, con un perfil de riesgo propio, que hay que gestionar con la misma seriedad que cualquier otra sesión de carga.
El Argumento Científico a Favor de Escalonar Minutos
Si el amistoso fuera solo “un partido con menos riesgo”, la conclusión lógica sería jugar el mínimo posible y ya está. Pero hay un segundo dato, de una naturaleza distinta, que obliga a matizar esa idea: jugar pocos minutos también es, en sí mismo, un factor de riesgo.
Un estudio de caso-control prospectivo publicado en Sports Health (Moreno-Pérez, Del Coso, López-Del Campo et al., 2023), realizado sobre dos equipos de LaLiga durante tres temporadas, analizó 37 lesiones de isquiotibiales en 23 jugadores frente a 37 controles emparejados. El hallazgo central: la reducción de la exposición a partido en los uno o dos encuentros previos se asoció de forma significativa con un mayor riesgo de lesión de isquiotibiales.
Algunos de los umbrales concretos que encontró ese estudio:
- Jugar **64 minutos o menos** en el partido previo se asoció a un **41% más de riesgo relativo** de lesión de isquiotibiales.
- Recorrer **5,8 km o menos** de distancia total en ese partido previo: también un 41% más de riesgo relativo.
- Recorrer **328 metros o menos a alta velocidad** (por encima de 24 km/h): un **53% más de riesgo relativo** —el marcador más sensible de los tres.
- Acumulando los dos partidos previos: 95 minutos totales o menos (+14% de riesgo), 12 km o menos de distancia total (+14%), o 901 metros o menos de alta velocidad acumulada (+17%).
Es importante ser preciso con el alcance de este dato: el estudio se hizo en temporada regular, no en pretemporada. Trasladarlo al contexto de los amistosos es una extrapolación lógica, no un hallazgo directo del estudio. Pero la lógica se sostiene: si jugar pocos minutos en los partidos previos a una fecha concreta ya es, dentro de la temporada, un factor de riesgo medible, entonces un jugador que llega al primer partido de liga sin haber acumulado exposición real a la velocidad y al ritmo de partido durante los amistosos llega a esa semana 1 en una situación de riesgo comparable a la de ese “déficit de exposición” descrito en el estudio.
Dicho de otro modo: los amistosos no son solo una forma de coger ritmo. Son, en la práctica, el mecanismo que evita que un jugador arranque la temporada oficial con un déficit de exposición medible. Esto conecta directamente con algo que muchos preparadores físicos ya intuyen pero rara vez cuantifican: los datos de GPS y de minutaje acumulado a lo largo de la pretemporada no son un capricho analítico, son la única forma objetiva de saber si un jugador concreto llega, o no, con esa exposición cubierta.
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Cuántos Amistosos Jugar y con Qué Espaciado
Aquí no hay un ensayo clínico que dé una cifra cerrada, y conviene decirlo con esa honestidad. Lo que existe es una convención bastante extendida en la práctica profesional de gestión de plantillas: un calendario de pretemporada bien diseñado suele incluir entre 4 y 8 amistosos, distribuidos a lo largo de 4 a 6 semanas, con un espaciado de 4 a 7 días entre partidos. El último amistoso, según esa misma práctica habitual, se sitúa idealmente entre 7 y 10 días antes del primer partido oficial, para permitir la recuperación sin perder el ritmo competitivo ya adquirido.
Superar los 8-10 amistosos se asocia, en la práctica de gestión de plantillas —no en un estudio controlado—, con el riesgo de llegar fatigado al inicio de la competición oficial. Y aquí aparece un segundo hallazgo que conviene cruzar con el anterior: una revisión crítica publicada en Frontiers in Sports and Active Living (Calleja-González et al., 2020) recupera el trabajo de Colby et al. (2017) para señalar que una carga acumulada de pretemporada baja también se asocia a mayor riesgo de lesión durante la temporada. Es decir, el error no es solo sobrecargar al plantel a base de amistosos innecesarios. También lo es exponerlo a muy poco.
El número “correcto” de amistosos, entonces, no es ni el máximo tolerable ni el mínimo indispensable. Es el que permite una progresión sostenida sin fatiga acumulada, algo que depende del calendario real de cada club, no de una fórmula universal.
Esa misma revisión de Calleja-González y su equipo pone nombre al problema que muchas veces distorsiona ese número ideal: las giras comerciales de pretemporada, diseñadas por motivos de marketing y no de planificación fisiológica, comprimen el calendario de amistosos hasta límites que ningún preparador físico elegiría por su cuenta. Los propios autores documentan casos concretos: el Real Madrid disputó 4 partidos en 10 días durante su gira de julio de 2019, y el Manchester City, 4 partidos en 11 días ese mismo mes. Volveremos sobre esta tensión más adelante, porque es, probablemente, el mayor obstáculo real que encuentra un preparador físico al aplicar cualquiera de estos marcos.
La Progresión de Intensidad Relativa: de los Juegos Reducidos al 11 contra 11
El número de amistosos y su espaciado es solo una parte de la ecuación. La otra es cómo se progresa la intensidad dentro de cada semana de trabajo, no solo entre partido y partido.
Una síntesis reciente de prácticas de preparadores físicos de élite (WWPERFORMANCE, 2026, con aportaciones colectivas de varios profesionales del sector) describe un marco de progresión por formato de juego que resulta útil como referencia aplicada, aunque no se trate de un ensayo controlado sino de una recopilación de práctica profesional:
- Fase general, con juegos reducidos grandes (17 jugadores o más por equipo): prioriza volumen y distancia total recorrida, orientado a la base aeróbica.
- Fase intermedia, con formatos medios (entre 10 y 16 jugadores): empieza a introducir mayor densidad de acciones a intensidad relativa más alta.
- Fase específica, con juegos reducidos pequeños (9 jugadores o menos): mayor frecuencia de acciones explosivas —aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección— más parecidas a las que exige un partido real.
- Amistoso completo (11 contra 11): la culminación de ese proceso, no un sustituto de él.
Un error común, señalado por los propios preparadores consultados en esa síntesis: no lograr exposición a velocidad máxima, o cercana a la máxima, en ningún momento del proceso antes del primer amistoso de alta exigencia. Es una forma sutil de fallar en la progresión: el equipo llega “en forma” en el sentido aeróbico, pero sin haber tocado nunca los rangos de velocidad que le van a exigir el primer rival serio.

El Minutaje Escalonado: Partido a Partido, Qué Debe Subir
Con el marco de intensidad ya progresando semana a semana, queda la pregunta más operativa: ¿cuántos minutos le doy a cada jugador en cada amistoso?
Aquí no existe una tabla única válida para todo el plantel —y cualquier framework que lo prometa está simplificando de más—, porque cada jugador llega a la pretemporada con un nivel de base distinto: no es lo mismo un jugador que ha tenido descanso completo tras una temporada larga que uno que se ha mantenido entrenando por su cuenta, y desde luego no es lo mismo gestionar a un jugador sin historial de lesiones que a uno que arrastra una readaptación reciente (ese último caso, con sus propios criterios de retorno al juego, lo tratamos con más detalle en nuestro artículo sobre retorno al juego tras lesión muscular).
Dicho eso, sí existe una lógica de progresión orientativa, coherente con los datos de exposición ya mencionados, que se puede aplicar de forma individualizada:
- Primeros amistosos: 30-45 minutos, a intensidad submáxima, priorizando volumen de juego sobre intensidad de acciones puntuales.
- Amistosos intermedios: 45-60 minutos, incrementando progresivamente la exposición a acciones de alta velocidad.
- Últimos amistosos antes de la liga: 60-90 minutos, ya a intensidad competitiva plena, buscando activamente superar los umbrales de exposición que el estudio de Moreno-Pérez y su equipo asocian con menor riesgo (más de 64 minutos, más de 5,8 km de distancia total, más de 328 metros a alta velocidad en el partido más reciente).
Ese último punto es clave: no se trata solo de “sumar minutos” por sumar. Se trata de que, para cuando llegue el primer partido de liga, cada jugador titular haya superado ya, al menos una vez en los amistosos previos, esos umbrales de exposición que la evidencia asocia con menor riesgo de lesión de isquiotibiales. Es la forma más concreta de aplicar el hallazgo científico a una decisión de calendario real.
La Trampa del Calendario Comercial: Cuando el Amistoso No Lo Diseña el Cuerpo Técnico
Todo lo anterior asume que el preparador físico tiene control sobre el número de amistosos, su espaciado y su perfil de exigencia. En muchos clubes, esa asunción es optimista.
El calendario de amistosos de un club no siempre lo diseña el cuerpo técnico. A menudo lo condiciona el departamento comercial: giras internacionales, acuerdos con patrocinadores, ingresos por taquilla en mercados que el club quiere abrir. La revisión de Calleja-González et al. (2020) documenta esta tensión con nombre propio, señalando cómo casos como los del Real Madrid y el Manchester City en 2019 —cuatro partidos en poco más de una semana, en plena gira internacional— responden a una lógica de marketing que puede chocar frontalmente con la lógica de carga que este artículo viene desarrollando.
¿Qué puede hacer un preparador físico cuando el calendario ya viene impuesto? No tiene margen para rediseñarlo desde cero, pero sí para convertirlo en la mejor progresión posible dentro de lo que permite ese calendario: ajustando el minutaje individual de cada jugador dentro de esos partidos ya fijados, decidiendo quién juega cada encuentro y cuánto, y usando las sesiones de entrenamiento entre amistosos para compensar lo que el calendario comercial no permite hacer con calma. Es, en el fondo, el mismo trabajo descrito en las secciones anteriores, pero con menos grados de libertad. El riesgo real, si esa gestión no se hace bien, es terminar con una plantilla que llega a la semana 1 de liga en el peor escenario posible: ni descansada, ni competitivamente afilada.
Cuantificación de la Carga en el Fútbol
Todo lo que hemos descrito en este artículo —minutos, distancia, exposición a alta velocidad, umbrales de riesgo— depende de una cosa: que el club esté monitorizando esos datos de forma sistemática, partido a partido. El curso Cuantificación de la Carga en el Fútbol de Fútbol Revolucionario profundiza en cómo convertir los datos de GPS y minutaje en decisiones reales de dosificación de carga.

Criterios para Decidir que un Jugador Está Listo para Competir de Verdad
Con todo lo anterior sobre la mesa, ¿cómo se traduce en una decisión concreta de “este jugador ya puede sumar minutos plenos de competición oficial”? Ningún criterio aislado da la respuesta completa, pero la combinación de varios sí ofrece un marco de decisión razonable:
- Acumulación de minutos y distancia en los amistosos previos, con referencia a los umbrales del estudio de isquiotibiales ya mencionado (más de 64 minutos y más de 5,8 km de distancia total en el partido más reciente, como referencia orientativa).
- Exposición a alta velocidad alcanzada, es decir, si el jugador ha llegado a superar rangos de velocidad cercanos al máximo en algún momento de la progresión, y no solo en entrenamiento.
- Respuesta de recuperación entre amistosos, a través de cuestionarios de bienestar (wellness) y, si el club dispone de esos datos, marcadores de rendimiento neuromuscular como el salto con contramovimiento (CMJ).
- “Match sharpness”, la variable menos medible de todas pero probablemente la más real: la condición físico-competitiva específica que solo se adquiere compitiendo, no entrenando. El concepto aparece de forma recurrente en el análisis de por qué las primeras jornadas de una temporada concentran más lesiones que la media —un fenómeno documentado, con matices metodológicos importantes, en análisis de datos de la Premier League que muestran incidencias por encima de la media general en las primeras cuatro jornadas de liga.
Ninguno de estos criterios sustituye el criterio clínico del cuerpo médico ni el juicio del cuerpo técnico sobre el jugador concreto que tienen delante. Son herramientas de apoyo a la decisión, no un protocolo de diagnóstico ni una pauta médica cerrada. De hecho, la propia comunidad científica está empezando a sistematizar esta pregunta de forma directa: un ensayo clínico registrado en ClinicalTrials.gov (NCT07170930) está diseñado específicamente para examinar los efectos de distinta exposición a partidos amistosos durante la pretemporada tardía sobre las adaptaciones fisiológicas y de rendimiento de los futbolistas. Sus resultados aún no están publicados, pero su sola existencia confirma que la pregunta que este artículo intenta responder con la evidencia disponible hoy es, también, objeto de investigación activa.
El Amistoso Como lo que Realmente Es
Volvamos al ejemplo con el que empezamos. Los dos partidos a puerta cerrada ante rivales de bajo perfil mediático, seguidos de encuentros de exigencia creciente hasta llegar al último test en un estadio alemán a rebosar, no son un capricho de calendario. Son, estructuralmente, el tipo de progresión que la evidencia disponible respalda: exposición creciente, medible, individualizada.
El amistoso de pretemporada no es un trámite. Es la herramienta más específica que existe para dosificar minutos, progresar intensidad y decidir —con datos, no con intuición— quién está listo para competir de verdad. El preparador físico que entiende esa lógica no ve el calendario de amistosos como un mal necesario antes de que empiece la liga. Lo ve como parte de la planificación misma.
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Fuentes y Referencias
1. Journal of Sports Science and Medicine (2011). “Injury Incidence in a Spanish Sub-Elite Professional Football Team: A Prospective Study During Four Consecutive Seasons”. https://www.jssm.org/volume10/iss4/cap/jssm-10-731.pdf
2. Bengtsson H, Ekstrand J, Waldén M, Hägglund M. “Match Injury Rates in Professional Soccer Vary With Match Result, Match Venue, and Type of Competition”. American Journal of Sports Medicine, 2013. https://www.diva-portal.org/smash/get/diva2:703362/FULLTEXT01
3. Moreno-Pérez V, Del Coso J, López-Del Campo R, et al. “Reduced Match Exposure in the Previous 2 Matches Accounts for Hamstring Muscle Injury Incidence in Professional Football Players”. Sports Health, 16(1):109-114, 2023. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10732102/
4. Ekstrand J, et al. “Preseason training…” American Journal of Sports Medicine, 2020.
5. Calleja-González J, et al. “SOS to the Soccer World. Each Time the Preseason Games Are Less Friendly”. Frontiers in Sports and Active Living, 2020. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7750874/
6. Premier Injuries / Analytics FC (McKenna J., 2023). “Change, acclimation, or load management: Why is the beginning of the season so bad for injuries?”. https://analyticsfc.co.uk/blog/2023/09/29/change-acclimation-or-load-management-why-is-the-beginning-of-the-season-so-bad-for-injuries/
7. WWPERFORMANCE (2026). “Preseason Design: From Base Fitness to Match Readiness”. https://wwperformance.net/en/learn/2026-05-03-preseason-design-base-fitness-to-match-readiness
8. Team Game Finder. “Preseason Friendly Schedule: How Many Matches and When”. https://teamgamefinder.com/resources/friendly-matches/preseason-schedule/
9. ClinicalTrials.gov, NCT07170930. https://clinicaltrials.gov/study/NCT07170930
10. Real Madrid C.F., comunicados oficiales de prensa, julio-agosto 2026 — calendario de amistosos de pretemporada 2026 (Alcorcón, Leganés, Fiorentina, Ferencváros, Deportivo de La Coruña, Schalke 04), usado como ejemplo narrativo. https://www.realmadrid.com/es-ES/noticias/futbol/primer-equipo
Nota de rigor: algunas cifras de este artículo proceden de estudios con muestras específicas (un club sub-élite español, dos equipos de LaLiga) o de síntesis de práctica profesional sin diseño de ensayo controlado. Se han señalado esos matices en el propio cuerpo del texto para no presentar convención de práctica como si fuera evidencia científica cerrada. Este artículo no sustituye el criterio médico ni el del cuerpo técnico responsable de cada jugador.
Por el equipo de FR

