
El Test CMJ en Pretemporada: Cómo Leer la Fatiga Neuromuscular Antes de que se Convierta en Lesión
La altura del salto puede estar mintiendo. Qué variables mirar de verdad en el test de salto con contramovimiento, cómo testarlo bien y cómo saber si una caída de rendimiento justifica ajustar la carga de un jugador.
Por el equipo de FR
Segunda semana de pretemporada. El preparador físico revisa la pantalla de la plataforma de fuerza después de la sesión matutina. Un centrocampista acaba de completar sus tres saltos de rutina y el número que aparece es tranquilizador: 38,2 cm de media, prácticamente idéntico a su basal de julio.
“Está bien”, piensa. “Sigue saltando lo mismo de siempre.”
Pero ese número esconde algo. El jugador lleva cuatro días de doble sesión, ha dormido peor de lo habitual y su percepción de esfuerzo lleva subiendo desde el lunes. Si el preparador mirara algo más que la altura —el tiempo que tarda en despegar, la relación entre el tiempo que pasa en el aire y el tiempo que pasa generando fuerza en el suelo— vería una historia distinta. El jugador no está saltando igual. Está saltando distinto para conseguir la misma altura. Y esa diferencia es, precisamente, la señal de fatiga que la altura por sí sola no puede contar.
Esto no es una hipótesis. Es lo que encontraron Gathercole y su equipo cuando sometieron a un grupo de deportistas a un protocolo de fatiga y midieron su salto con contramovimiento (CMJ) minuto a minuto: las variables de tiempo y estrategia de salto —y un índice derivado llamado RSI modificado— resultaron más sensibles a la fatiga neuromuscular aguda que la altura del salto sola. El cuerpo se adapta para preservar el resultado más visible mientras el rendimiento real, por debajo, ya se ha deteriorado.
Es la trampa central de una de las herramientas de monitorización más usadas —y peor leídas— en la pretemporada de fútbol.
Qué es el CMJ y por qué se ha vuelto una herramienta estándar en fútbol
El test de salto con contramovimiento consiste en algo tan simple como saltar lo más alto posible partiendo de pie, con un descenso rápido previo (el “contramovimiento”) que carga la musculatura antes de la fase de impulso. Con una plataforma de fuerza o un sistema óptico, ese salto de dos o tres segundos genera una cantidad considerable de datos: altura, fuerza pico, tiempo de contacto con el suelo, tiempo en el aire y varias métricas derivadas.
Se usa tanto porque combina algo que casi ningún otro test de campo ofrece a la vez: rapidez de ejecución, bajo coste de fatiga adicional y buena sensibilidad al estado neuromuscular del jugador. Una revisión de la literatura lo describe como una de las herramientas de campo más prácticas y con mayor validez para detectar fatiga neuromuscular y señales tempranas de sobreentrenamiento en deportes de equipo, permitiendo ajustar el entrenamiento a tiempo.
Dentro del ecosistema de monitorización que probablemente ya conoces —GPS, cuestionarios de bienestar, RPE— el CMJ ocupa un lugar concreto: es la ventana más directa que tienes a cómo está respondiendo el sistema neuromuscular del jugador, no solo a cuánto ha corrido o a cómo dice sentirse. Si quieres el marco conceptual completo de por qué conviene medir la respuesta del jugador y no solo la carga que se le aplica, ya lo desarrollamos en el artículo sobre el modelo de cuadrantes de carga interna y externa. Aquí nos quedamos con una pieza concreta de ese marco: qué hacer con el dato del salto, día a día.
Y ahí es donde la mayoría de cuerpos técnicos se conforman con menos de lo que el test puede ofrecer.
La trampa de mirar solo la altura del salto
Si le preguntas a un preparador físico qué mira en el CMJ, la respuesta más común es “la altura”. Tiene sentido: es el número más fácil de leer, el que aparece más grande en la mayoría de plataformas, el que todo el mundo entiende sin explicación.
El problema es que la altura del salto es el resultado final de una estrategia de movimiento, y esa estrategia se puede ajustar. Un jugador fatigado puede modificar cómo produce la fuerza —tardando más en despegar, cambiando la duración de la fase de empuje— para conseguir una altura muy parecida a la de un día en plena forma. El cuerpo “protege” el número final aunque el proceso que hay detrás ya no sea el mismo.
Gathercole et al. (2015) lo documentaron con precisión en su estudio publicado en el International Journal of Sports Physiology and Performance: tras un protocolo de fatiga, la mayoría de métricas del salto tendían a volver hacia el valor basal en 24 horas, pero las variables dependientes del tiempo —la duración de las fases excéntrica y concéntrica— seguían mostrando alteraciones incluso a las 72 horas. La altura, en cambio, se recuperaba antes y ocultaba parte de esa fatiga residual.
Hay además un matiz metodológico útil para el día a día: la misma investigación encontró que la altura media de varios intentos es más sensible para detectar fatiga que la altura del mejor salto de la serie. Si tu protocolo se queda con el “mejor intento”, probablemente estés descartando justo la información que más te interesa.
La conclusión no es que la altura no sirva. Es que, sola, cuenta media historia.

Las variables que sí hay que mirar: RSI modificado y FT:CT
Si la altura sola no basta, ¿qué mirar en su lugar? Dos métricas derivadas del propio CMJ llevan años usándose en deporte de equipo de élite precisamente porque capturan la estrategia de salto, no solo su resultado.
- RSI modificado (RSI-mod): el resultado de dividir el tiempo de vuelo entre el tiempo de contracción (el tiempo que el jugador tarda en producir la fuerza necesaria para despegar). Cuanto más eficiente es esa producción de fuerza, mayor es el índice.
- FT:CT (flight time to contraction time): el mismo principio expresado como ratio, usado en la literatura desde los trabajos pioneros de Cormack, Newton y McGuigan sobre las respuestas neuromusculares de jugadores de élite tras la competición.
Cormack y su equipo, en un estudio de referencia con jugadores de fútbol australiano de élite publicado también en el International Journal of Sports Physiology and Performance, sentaron las bases de este marco: la relación entre tiempo de vuelo y tiempo de contacto con el suelo refleja algo que la altura sola no muestra, la capacidad del sistema neuromuscular para producir fuerza rápido, no solo para producir fuerza.
La investigación más reciente en fútbol describe el RSI-mod y el FT:CT como métricas “emergentes y prometedoras” precisamente por esa razón: capturan la forma en que el jugador salta, no solo cuánto salta. Dado lo compleja que es la fatiga neuromuscular, estas variables pueden mostrar algo que la altura y la potencia por sí solas no reflejan con precisión.
En la práctica, esto significa un cambio pequeño pero importante en cómo se lee la pantalla después de cada test: no basta con el número grande. Hay que mirar también cómo se llegó hasta él.
Lo que dice la evidencia de pretemporada, en concreto
La mayoría de estudios sobre CMJ y fatiga se han hecho en laboratorio o en competición regular. Hay menos investigación centrada específicamente en la fase de pretemporada, que es justo donde este artículo quiere aportar algo útil.
Un estudio con 23 jugadores profesionales de la Segunda División croata siguió cuatro semanas de pretemporada, cruzando la intensidad interna de entrenamiento (sRPE), la recuperación percibida y el rendimiento en el CMJ. El patrón encontrado fue el esperable pero útil de confirmar con datos: la intensidad interna fue más alta en la primera semana, la recuperación percibida tocó su punto más bajo en la segunda, y el rendimiento del CMJ cayó justo en ese pico de fatiga, recuperándose después a medida que la carga se fue reduciendo.
Las correlaciones fueron consistentes con esa lectura: mayor intensidad interna semanal se asoció con peor recuperación percibida la semana siguiente, y también con peor rendimiento en el CMJ. Es un solo estudio, con una muestra de un club, y conviene presentarlo como lo que es —un dato de apoyo, no una ley universal—, pero apunta en la misma dirección que la lógica de campo: la pretemporada tiene un pico de fatiga predecible, y el CMJ puede detectarlo si se mira con regularidad.
El dato de hoy no basta: por qué hay que mirarlo junto con la carga acumulada
Un solo test de CMJ, el día que se hace, dice menos de lo que parece si se mira aislado. Un estudio longitudinal de toda una temporada con 25 jugadores de una academia de la Premier League encontró que la distancia total acumulada en 28 días, la distancia a alta carga metabólica y la distancia de esprint acumuladas en ese mismo periodo se relacionaban de forma negativa con la altura del CMJ.
Dicho de otro modo: no es solo lo que el jugador ha hecho hoy o ayer. Es la mochila de carga que lleva encima de las últimas semanas. Un jugador puede tener un buen resultado puntual en el CMJ y aun así arrastrar una fatiga acumulada que solo se hace visible al cruzar el dato con las últimas semanas de trabajo.
Esta es la razón por la que el CMJ no sustituye a la monitorización de carga que ya tengas en marcha —GPS, RPE, cuestionarios—: la complementa. Si nunca has sistematizado esa lectura conjunta de carga interna y externa, es exactamente el marco que desarrollamos en detalle en nuestro artículo sobre el modelo de cuadrantes.
📘 Antes de seguir: descarga el Manual Fútbol Revolucionario
Los fundamentos de la preparación física moderna en fútbol, reunidos en un solo recurso gratuito. Ideal si quieres ordenar por dónde empezar antes de meterte con la monitorización diaria.
Cómo testar bien: protocolo mínimo para que el dato sea de fiar
Ninguna de las variables anteriores sirve de nada si el test en sí no es fiable. Un dato de mala calidad, por muy sofisticado que sea el análisis, sigue siendo un dato de mala calidad.
Un estudio de fiabilidad con 14 jugadores de una academia de élite comparó distintas formas de testar el CMJ a lo largo de ocho días: días consecutivos frente a comparaciones semana a semana, y la media de tres intentos frente al mejor intento individual. Los resultados fueron claros en una dirección:
- Comparar el test de un día con el del día siguiente (por ejemplo, lunes-martes) dio mejor fiabilidad que comparar semana a semana (lunes-lunes).
- Usar la media de tres intentos redujo la variabilidad de la medición frente a quedarse solo con el mejor salto.
- Con esas dos condiciones combinadas, casi todos los coeficientes de variación quedaron por debajo del 10% —la mayoría por debajo del 5%— y la fiabilidad relativa (ICC) fue buena o excelente en la mayoría de variables.
La traducción práctica es sencilla, aunque exige disciplina: testa en condiciones lo más consistentes posible (misma hora, mismo calentamiento, mismo calzado si puedes controlarlo), usa la media de al menos dos o tres intentos en vez de quedarte con el mejor salto suelto, y si puedes elegir, compara con el test más reciente antes que con el de la semana pasada.

Sin este paso, cualquier interpretación posterior —por buena que sea la teoría— se construye sobre arena.
Cómo saber si una caída es real o es solo ruido (y por qué no existe una “regla del 10%” universal)
Aquí está la pregunta que de verdad importa en el día a día: el jugador saltó dos centímetros menos que ayer. ¿Es fatiga real o es la variabilidad normal de cualquier medición humana?
La respuesta honesta es que no hay una cifra mágica válida para todos los jugadores y todas las plataformas. En esta investigación no hemos encontrado ningún estudio que valide un porcentaje de caída universal para fútbol —del tipo “si baja un 10%, para el entrenamiento”— y conviene desconfiar de cualquier contenido que ofrezca esa cifra sin respaldo.
Lo que sí existe es un concepto metodológico útil: el cambio mínimo detectable, o smallest worthwhile change (SWC). La idea es calcular, para cada jugador y cada plataforma, cuánto tiene que variar el resultado de un test para que ese cambio deje de ser ruido de medición y empiece a ser señal real: se compara el error típico de medición de tu propio protocolo de testing con ese margen mínimo, y solo cuando la variación observada lo supera se puede hablar de una caída real y no de ruido. El valor exacto no es una cifra que se pueda importar de otro estudio o de otro club —depende de la plataforma, el protocolo y la variabilidad propia de cada jugador—, así que hay que calcularlo con datos propios.
Esto conecta con algo que la evidencia reciente sobre monitorización neuromuscular en fútbol viene señalando con insistencia: la respuesta a la carga es marcadamente individual. Un estudio de 2025 con jugadores de fútbol semiprofesional a lo largo de 30 semanas de temporada —usando salto en caída, no CMJ, pero con el mismo principio aplicable— encontró que, aunque las métricas de salto se mantenían relativamente estables a nivel de grupo, el análisis individual sí mostraba asociaciones claras entre la carga externa y el rendimiento del salto. La recomendación de los propios autores va en la misma línea que defendemos aquí: interpretar cada variable por separado, dentro de un enfoque individualizado, en vez de aplicar un único número de corte a toda la plantilla.
La forma práctica de aplicar esto sin necesitar un doctorado en estadística: construye el basal de cada jugador con varias semanas de datos en condiciones normales, calcula su rango habitual de variación día a día, y usa ese rango —no una tabla genérica— para decidir cuándo una caída merece atención.
Es más trabajo que aplicar una regla fija. También es la diferencia entre un dato que sirve y un dato que solo parece servir.
De la caída de rendimiento a la decisión de entrenamiento
Todo lo anterior solo tiene sentido si termina en una decisión. Con un protocolo de testing fiable, las variables correctas y un margen de referencia individual para cada jugador, la lectura del día a día se simplifica bastante:
- Caída dentro del margen habitual del jugador: no hay motivo para reaccionar. Es variabilidad normal, no una señal de alarma.
- Caída sostenida en RSI-mod o FT:CT por encima del margen individual, aunque la altura aguante: merece atención, aunque el número “grande” de la pantalla parezca tranquilizador. Es exactamente el escenario que abre este artículo.
- Caída real y sostenida en varias métricas a la vez, coincidiendo con carga acumulada alta en las últimas semanas: momento de ajustar volumen o intensidad de la sesión, priorizar recuperación y vigilar de cerca los días siguientes.
Conviene ser claro sobre los límites de esta herramienta: el CMJ es un apoyo a la decisión del cuerpo técnico, no un protocolo médico ni una alarma automática de lesión. Ayuda a decidir mejor. No sustituye el criterio del preparador ni la valoración de un profesional sanitario cuando hace falta.
Usado así —con protocolo, con las variables correctas y con margen individual— el test que muchos reducen a “cuánto saltó hoy” se convierte en lo que de verdad puede ser: una de las señales más tempranas y fiables de que algo, por debajo del número que se ve a simple vista, está cambiando.
📊 ¿Quieres saber leer estos datos con criterio profesional?
El CMJ es solo una pieza del análisis de rendimiento en fútbol de élite. Si quieres profundizar en cómo interpretar y aplicar datos de rendimiento físico con el mismo rigor que hemos usado en este artículo, échale un vistazo al curso Experto en Análisis de Rendimiento Físico de Fútbol Revolucionario.

Fuentes y referencias
1. Claudino JG, Cronin J, Mezêncio B, et al. “The countermovement jump to monitor neuromuscular status: A meta-analysis.” Journal of Science and Medicine in Sport, 2017. — enlace30154-2/abstract)
2. Gathercole R, Sporer B, Stellingwerff T, Sleivert G. “Alternative Countermovement-Jump Analysis to Quantify Acute Neuromuscular Fatigue.” International Journal of Sports Physiology and Performance, 10(1):84-92, 2015. — enlace
3. Cormack SJ, Newton RU, McGuigan MR. “Neuromuscular and endocrine responses of elite players to an Australian rules football match.” International Journal of Sports Physiology and Performance, 3(3), 2008.
4. Estudio de pretemporada con jugadores profesionales de la Segunda División croata (23 jugadores, 4 semanas), 2025 — “Perceived Recovery and Muscle Fatigue in Professional Soccer Players During Preseason”. — enlace
5. Estudio longitudinal de temporada completa, academia Premier League U18 (25 jugadores), Journal of Science and Medicine in Sport, 2024. — enlace00595-4/abstract)
6. “From load monitoring to training decisions: a practical approach using drop jump metrics in semi-professional soccer.” BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation, 2025. — enlace
7. Lonergan et al. “Inter-Day Reliability of Countermovement Jump Metrics in Elite Academy Soccer Players.” International Journal of Strength and Conditioning, 2025. — enlace
🎓 Si quieres construir todo tu sistema de decisiones con datos
El CMJ es una pieza dentro de un sistema mucho más completo: GPS, cargas, testing y toma de decisiones integradas en la planificación real de una plantilla profesional. Es exactamente lo que trabajamos en el Máster en Preparación Física en Fútbol de Élite de Fútbol Revolucionario.
Y si prefieres empezar por lo esencial, también tienes disponibles el ebook gratuito y el curso Experto en Análisis de Rendimiento Físico mencionados arriba.
Apuntarme a la lista de espera del Máster →
Conocer el curso Experto en Análisis de Rendimiento Físico →
Si este artículo te ha servido para ordenar cómo lees el CMJ en tu día a día, compártelo con el resto del cuerpo técnico. Y si además quieres seguir aprendiendo sobre pretemporada, no te pierdas nuestro artículo sobre cómo gestionar la carga con el calendario de amistosos.
Por el equipo de FR

