Periodización del Ciclo Menstrual en el Fútbol Femenino: la Verdad

Periodización del Ciclo Menstrual en el Fútbol Femenino: la Verdad

Una racha de lesiones de LCA en el fútbol femenino de élite ha convertido el ciclo menstrual en sospechoso número uno. La ciencia, de momento, no tiene un veredicto tan claro.

Por el equipo de FR

Futbolista profesional entrenando: periodizacion del ciclo menstrual en el futbol femenino de elite.

29 de abril de 2025. En los laboratorios de la Kingston University, en Londres, un equipo de biomecánica del deporte empieza a procesar las primeras muestras de sangre de jugadoras del Chelsea y del Fulham, en categorías de élite y de base. No buscan dopaje. Buscan estrógeno y progesterona, y quieren cruzar esos niveles hormonales con los mecanismos de lesión que en los últimos dos años se han llevado por delante las rodillas de algunas de las futbolistas más importantes del planeta: Beth Mead, Vivianne Miedema, Sam Kerr.

Es el primer estudio financiado por la FIFA dedicado en exclusiva a resolver una pregunta que lleva meses instalada en el fútbol femenino de élite: si la periodización del ciclo menstrual en el fútbol femenino puede explicar, aunque sea en parte, por qué se rompen tantos ligamentos cruzados anteriores. Simon Augustus, profesor de Biomecánica del Deporte en Kingston y responsable del estudio, lo resumió sin dramatismo a ESPN: “We know hormones fluctuate during different phases of the cycle but we don’t yet know how much of an influence that may have on the risk of injury” — sabemos que las hormonas fluctúan a lo largo del ciclo, pero todavía no sabemos cuánto influye eso en el riesgo de lesión.

Esa frase, dicha por la propia FIFA, es la fotografía más honesta de dónde está hoy la ciencia. Y es exactamente lo contrario de lo que suele leerse en redes sociales y en bastante contenido divulgativo: la idea de que el ciclo menstrual “causa” las lesiones de LCA, presentada casi como un hecho cerrado. No lo es. Vamos a repasar qué dice de verdad la evidencia, qué está haciendo ya el fútbol de élite y qué puede aplicar hoy un preparador físico sin subirse a una moda que va por delante de la ciencia.

Qué dice realmente la evidencia sobre el ciclo menstrual y el rendimiento

Antes de hablar de lesiones, conviene mirar el terreno de juego más amplio: ¿afecta el ciclo menstrual al rendimiento físico de una futbolista? La respuesta corta, incómoda para cualquier titular fácil, es que no lo sabemos con la certeza que se suele dar por hecho.

La revisión sistemática más citada en este campo es la de Meignié y su equipo, publicada en 2021 en Frontiers in Physiology. Analizaron cientos de estudios sobre ciclo menstrual y rendimiento en deportistas de élite siguiendo el protocolo PRISMA. El resultado es revelador: de todos los trabajos revisados, solo un 1% (siete estudios) investigó con suficiente rigor metodológico la relación entre una fase concreta del ciclo y un parámetro de rendimiento. La conclusión general es que el efecto del ciclo sobre la resistencia, la fuerza, la rigidez ligamentosa, la toma de decisiones o la competitividad es variable e inconsistente, tanto en qué se ve afectado como en la magnitud y la dirección del efecto.

Esa inconsistencia se repite en el fútbol específicamente. Un estudio en jugadoras de academia de élite encontró que el rendimiento físico y las valoraciones subjetivas varían de forma poco predecible según la fase del ciclo. Otro, centrado en rendimiento neuromuscular, no halló cambios significativos en salto vertical, velocidad concéntrica media ni percepción del esfuerzo (RPE) a lo largo del ciclo en futbolistas eumenorreicas de élite. Y un tercer estudio, publicado en Science and Medicine in Football, sí encontró más distancia a muy alta intensidad en fase lútea que en fase folicular durante partidos — un hallazgo que apunta en dirección contraria a la narrativa habitual de “en fase lútea rindes peor”.

Hay, además, una brecha que a cualquier preparador físico le va a sonar familiar: la distancia entre lo que las jugadoras perciben y lo que las mediciones objetivas muestran. Hasta un 40% de futbolistas australianas, entre juveniles y sénior, creen que su ciclo afecta a su entrenamiento o a su rendimiento, incluso en los casos donde los datos objetivos no muestran diferencias relevantes. No es que esa percepción sea falsa o deba ignorarse — el síntoma subjetivo importa para el bienestar de la jugadora —, pero conviene no confundir percepción con causalidad fisiológica demostrada.

Jugadora completando un cuestionario de bienestar y RPE para el seguimiento individualizado del ciclo menstrual.
Solo un 1% de los estudios revisados investigó con rigor la relación entre una fase concreta del ciclo y un parámetro de rendimiento.

El ciclo menstrual y las lesiones de LCA: la controversia que nadie ha resuelto

Aquí está el corazón del debate, y donde más se simplifica en el contenido que circula sobre el tema. La epidemiología de partida no está en discusión: la literatura de medicina deportiva señala de forma consistente una incidencia de lesión de LCA varias veces mayor en futbolistas mujeres que en hombres, además de una carga de lesiones de rodilla y tobillo notablemente superior. Lo que sí está en discusión — y mucho — es qué papel juega exactamente el ciclo menstrual en ese riesgo.

Existe un mecanismo hormonal plausible. El estrógeno y la relaxina tienen receptores en el ligamento cruzado anterior y podrían alterar la síntesis de colágeno y las propiedades de tensión del tejido: el estradiol elevado, in vitro, reduce la proliferación de fibroblastos, mientras que la progesterona se asocia a mayor síntesis de colágeno, y la relaxina parece actuar de forma sinérgica con el estrógeno con un efecto colagenolítico. Es una hipótesis biológica sólida sobre el papel. El problema aparece cuando se intenta trasladar ese mecanismo a “qué fase del ciclo es la peligrosa” en jugadoras reales, sobre el terreno de juego.

Ahí los estudios se contradicen entre sí:

  • Un estudio prospectivo de tres temporadas en 26 futbolistas profesionales de élite (Barlow et al., 2024, Medicine & Science in Sports & Exercise) encontró un riesgo de lesión significativamente elevado durante la fase lútea.
  • Un estudio observacional de cuatro temporadas en 33 jugadoras del mismo club (852 ciclos analizados, 80 lesiones registradas) no halló diferencias significativas en la incidencia de lesión durante la menstruación, pero sí en la gravedad: la carga de lesión (“injury burden”) fue sustancialmente mayor durante el sangrado.
  • Buena parte de la literatura general sobre LCA — no específica de fútbol — señala históricamente la fase folicular tardía y la ovulación, con el pico de estrógeno, como el momento de mayor riesgo.

Tres estudios, tres fases distintas señaladas como “la peligrosa”. Eso no es ruido estadístico menor: es la prueba de que no hay consenso sobre qué fase del ciclo concentra más riesgo de lesión de LCA en fútbol. Cualquier artículo o publicación que elija una sola fase y la presente como “la culpable” está simplificando más de lo que la evidencia permite.

Y hay un matiz todavía más importante, publicado en 2025 en el American Journal of Sports Medicine: la revisión sistemática y metaanálisis de Gilmer, Crasta y Tanaka concluye que el ciclo menstrual probablemente no afecta de forma clínicamente relevante a la laxitud ligamentosa. Lo que sí podría hacerlo, según ese mismo trabajo, es el embarazo, el uso de anticonceptivos orales o la menopausia. Un metaanálisis anterior, el de Herzberg y su equipo (2017), llega a hallazgos igualmente mixtos. Este contrapunto no cierra el debate — otros trabajos sí encuentran asociación —, pero sí obliga a matizar la narrativa hormonal simplista que domina buena parte del contenido divulgativo sobre el tema.

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¿Y la fuerza? El mito de la periodización por fase

Si en el terreno de las lesiones la evidencia es contradictoria, en el terreno del entrenamiento de fuerza es todavía más débil de lo que sugiere buena parte del contenido que circula sobre “entrenar según tu ciclo”.

El origen de buena parte de ese mito está en un estudio de 1995, de Reis, Frick y Schmidtbleicher, publicado en el International Journal of Sports Medicine. Es un trabajo clásico, muy citado, que encontró que entrenar fuerza con mayor frecuencia durante la fase folicular producía un incremento de fuerza máxima del +32,6%, frente a un +13,1% con entrenamiento regular. El problema es que ese resultado viene de una muestra de siete personas, con un diseño de pierna contralateral como autocontrol, y con treinta años de antigüedad. No es una base sólida para construir una recomendación general de periodización de fuerza, aunque se siga citando como si lo fuera.

La evidencia más reciente y de mayor calidad apunta en dirección contraria. Una revisión publicada en 2023 en Frontiers in Sports and Active Living concluye que es prematuro afirmar que las fluctuaciones hormonales a corto plazo del ciclo influyen de forma apreciable en el rendimiento agudo de fuerza o en las adaptaciones a largo plazo del entrenamiento de fuerza. Un metaanálisis adicional sobre fuerza máxima y fases del ciclo llega al mismo mensaje: los efectos encontrados son pequeños e inconsistentes entre estudios.

La conclusión razonable, la que se sostiene hoy con la evidencia disponible, es esta: no hay base sólida para recomendar plantillas rígidas de entrenamiento de fuerza según la fase del ciclo — el típico “en fase folicular haz esto, en fase lútea haz lo otro” que tanto circula. Lo que sí tiene sentido, y en eso coincide toda la literatura seria, es monitorizar cómo responde cada jugadora de forma individual, con sus propios datos, en lugar de aplicar un protocolo genérico a todo el vestuario.

Preparador fisico analiza los datos individuales de una futbolista para valorar el riesgo de lesion de LCA.
Tres estudios señalan tres fases distintas como “la peligrosa”: no hay consenso sobre qué fase del ciclo concentra más riesgo de lesión de LCA.

Qué están haciendo ya los clubes de élite

Mientras la ciencia sigue debatiendo, el fútbol de élite no ha esperado a tener todas las respuestas. El Chelsea FC Women, bajo la dirección de Emma Hayes, fue el primer club en adaptar públicamente su entrenamiento y nutrición al ciclo menstrual de las jugadoras, desde 2020, apoyándose en una aplicación específica para dividir el ciclo en cuatro fases: menstruación, pre-ovulación, ovulación-premenstrual y fase premenstrual. El objetivo declarado por el club incluía reducir las lesiones de tejido blando, entre ellas las de LCA.

Es importante situar esto en su sitio: es una declaración institucional y una decisión de gestión del club, no el resultado de un estudio controlado que demuestre que esa periodización reduce lesiones. Es un caso práctico interesante, con buena intención y sentido común aplicado, pero no es prueba científica de eficacia.

A nivel institucional, la UEFA creó en 2021 un panel de expertas y expertos en salud femenina, con participación de médicos y científicos del deporte, entre ellos investigadores de la Manchester Metropolitan University. Ese panel ha publicado un consenso — el UEFA consensus statement on menstrual cycle tracking in women’s football — con recomendaciones prácticas para medir características del ciclo, ovulación, perfil hormonal y síntomas, además de consideraciones éticas y culturales sobre cómo hacerlo. Y aquí está el dato clave, poco citado: el propio consenso reconoce que la evidencia que vincula fase del ciclo con rendimiento o riesgo de lesión sigue siendo poco concluyente. Lo que sí defiende es que el seguimiento del ciclo puede ayudar al bienestar de la jugadora, a detectar irregularidades menstruales y a su educación y autonomía sobre su propio cuerpo.

Y de vuelta al principio: el estudio FIFA-Kingston University, anunciado en abril de 2025 con una duración prevista de un año, sigue en marcha en el momento de escribir este artículo. Todavía no hay resultados publicados. Cualquier conclusión que se le atribuya hoy es, por definición, prematura — vale la pena seguirlo, no adelantarlo.

La brecha real: no es de ciencia, es de conocimiento y de proceso

Si la ciencia todavía no tiene un protocolo cerrado, ¿cuál es entonces el problema real hoy en los clubes? La evidencia más reciente apunta a algo distinto de lo que suele discutirse: el problema no es solo la falta de estudios. Es la falta de conocimiento básico y de un proceso claro de aplicación.

Un estudio mixto de 2026, de Elliott-Sale, Clausen y Bloomfield, publicado en Science and Medicine in Football, encuestó a 320 jugadoras y 46 miembros de staff técnico (27 hombres, 19 mujeres) de 15 clubes de primer nivel europeos afiliados a la European Club Association, con entrevistas semiestructuradas adicionales. El hallazgo es contundente: la puntuación media de conocimiento sobre ciclo menstrual y anticonceptivos hormonales fue del 39% ± 19% en jugadoras y del 47% ± 25% en el staff técnico — bajo en ambos grupos, pese a trabajar en clubes de élite. Y sin embargo, el 72% de las jugadoras y el 94% del staff creen que el ciclo afecta al rendimiento. Mucha percepción, poco conocimiento real.

A eso se suma otro hallazgo, este de una revisión de 2025 de Carmichael, Perry, Roberts, Klass y Clarke en el International Journal of Sports Science & Coaching: un enfoque único, tipo “café para todos”, de seguimiento del ciclo no encaja con todos los deportes ni todos los perfiles de deportistas — cualquier guía debe ser flexible y basada en evidencia. La misma revisión observa algo revelador en clubes de la Women’s Super League y del Championship inglés: el personal técnico que ya hace seguimiento del ciclo muchas veces no tiene claro para qué sirven esos datos ni cómo aplicarlos.

Ese es el verdadero hueco hoy. No falta un protocolo mágico por fase — probablemente no debería existir uno rígido con la evidencia actual. Falta que jugadoras y cuerpos técnicos entiendan lo básico del ciclo, y que los clubes que ya recogen estos datos sepan qué hacer con ellos.

Charla formativa del cuerpo tecnico sobre conocimiento del ciclo menstrual en el futbol femenino de elite.
El conocimiento medio sobre ciclo menstrual fue del 39% en jugadoras y del 47% en el staff técnico, pese a trabajar en clubes de élite.

Saber planificar es más importante que saber “qué está de moda”

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Qué puede aplicar hoy un preparador físico, con rigor

Con todo esto sobre la mesa, la pregunta que le importa a cualquier preparador físico es concreta: ¿qué puedo hacer mañana en mi club, con la evidencia que existe hoy?

  • Seguimiento individualizado, no periodización rígida de equipo. Registrar síntomas, bienestar y RPE junto con la fase del ciclo de cada jugadora, sin aplicar una plantilla genérica de “en fase X entrena así” a todo el vestuario.
  • Priorizar la detección de irregularidades menstruales como cuestión de salud, no solo de rendimiento. Un ciclo irregular puede ser señal de baja disponibilidad energética (RED-S), y eso merece atención clínica antes que ajuste de carga.
  • Educar a la jugadora y darle autonomía sobre su propio seguimiento, en lugar de convertirlo en un dato más que gestiona solo el cuerpo técnico. La brecha de conocimiento detectada por Elliott-Sale et al. empieza a cerrarse aquí.
  • Ajustar de forma fina el volumen y la recuperación según la respuesta individual real de cada jugadora — con sus propios datos a lo largo de varios ciclos — en vez de aplicar recomendaciones genéricas de “fase folicular” o “fase lútea” extraídas de estudios con muestras pequeñas.
  • Seguir de cerca el estudio FIFA-Kingston University y el consenso de la UEFA, que son las referencias que con más probabilidad actualizarán este campo en los próximos años. Lo que hoy es terreno de investigación, mañana puede ser evidencia consolidada — o puede no serlo.
Preparador fisico y futbolista revisan juntos el seguimiento individualizado del ciclo menstrual y la carga.
Seguimiento individualizado, no periodización rígida de equipo: la recomendación que sostiene hoy la evidencia disponible.

El rigor no está en la última moda de periodización

Nada de esto significa que el ciclo menstrual “no importa” — sería tan irresponsable como decir lo contrario. Tampoco significa que haya que periodizar todo el entrenamiento por fase del ciclo, porque eso es ir más allá de lo que la ciencia permite afirmar hoy. Significa, simplemente, que el trabajo del preparador físico serio no es aplicar la última tendencia que ve en redes, sino saber distinguir con honestidad qué es dato consolidado, qué es hipótesis razonable y qué es todavía terreno de investigación — y actuar en consecuencia, jugadora a jugadora.

Esa distinción, más que cualquier protocolo rígido de cuatro fases, es lo que de verdad separa a un cuerpo técnico que sigue modas de uno que aplica ciencia con criterio.

Fuentes y Referencias

  1. Meignié A, Duclos M, Carling C, Orhant E, Provost P, Toussaint JF, Antero J (2021). The Effects of Menstrual Cycle Phase on Elite Athlete Performance: A Critical and Systematic Review. Frontiers in Physiology, 12:654585. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8170151/
  2. Barlow A, Blodgett JM, Williams S, Pedlar CR, Bruinvels G (2024). Injury Incidence, Severity, and Type Across the Menstrual Cycle in Female Footballers: A Prospective Three Season Cohort Study. Medicine & Science in Sports & Exercise, 56(6):1151-1158. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38227488/
  3. Menstruation and injury occurrence; a four season observational study in elite female football players (2025/26). — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12747998/
  4. Gilmer G, Crasta N, Tanaka MJ (2025). The Effect of Sex Hormones on Joint Ligament Properties: A Systematic Review and Meta-analysis. American Journal of Sports Medicine. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39887996/
  5. Herzberg SD, Motu’apuaka ML, Lambert W, Fu R, Brady J, Guise JM (2017). The Effect of Menstrual Cycle and Contraceptives on ACL Injuries and Laxity: A Systematic Review and Meta-analysis. Orthopaedic Journal of Sports Medicine. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5524267/
  6. ESPN (2025). FIFA funds study into link between ACL tears, menstrual cycle. — https://www.espn.com/soccer/story/_/id/44917657/fifa-funds-study-link-acl-tears-menstrual-cycle
  7. Reis E, Frick U, Schmidtbleicher D (1995). Frequency variations of strength training sessions triggered by the phases of the menstrual cycle. International Journal of Sports Medicine, 16(8):545-550. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8776210/
  8. Frontiers in Sports and Active Living (2023). Current evidence shows no influence of women’s menstrual cycle phase on acute strength performance or adaptations to resistance exercise training. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10076834/
  9. Elliott-Sale KJ, Clausen E, Bloomfield C (2026). Menstrual cycle knowledge, first- and second-hand experiences, personal opinions, and practices of players and staff from elite European women’s football clubs. Science and Medicine in Football. — https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/24733938.2026.2634312
  10. Carmichael MA, Perry K, Roberts AH, Klass V, Clarke AC (2025). Menstrual cycle monitoring in applied sport settings: A scoping review. International Journal of Sports Science & Coaching. — https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/17479541251333888
  11. UEFA (2024-25). UEFA consensus statement on menstrual cycle tracking in women’s football. — https://www.uefa.com/news-media/news/0295-1ceddb3ee74c-a451ed3df32e-1000–uefa-at-the-forefront-of-menstrual-cycle-research/
  12. Chelsea FC (2020). Chelsea Women tailor training to players’ menstrual cycles (comunicado oficial del club). — https://www.chelseafc.com/en/news/article/chelsea-women-tailor-training-to-players-menstrual-cycles
  13. The influence of menstrual cycle phase on neuromuscular performance and subjective perception of effort in elite football players. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12244395/
  14. Menstrual cycle phase and elite female soccer match-play: influence on various physical performance outputs. Science and Medicine in Football, 5(2), 2020. — https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/24733938.2020.1802057
  15. Effects of the menstrual cycle phase on anterior cruciate ligament neuromuscular and biomechanical injury risk surrogates in eumenorrheic and naturally menstruating women: A systematic review. — https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9879429/
  16. Impact of the Menstrual Cycle on Physical Performance and Subjective Ratings in Elite Academy Women Soccer Players. PubMed 38251290. — https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38251290/
  17. The Influence of Menstrual Cycle Phases on Maximal Strength Performance in Healthy Female Adults: A Systematic Review with Meta-Analysis. PMC10818650. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10818650/

Nota editorial: este artículo no ofrece consejo médico ni diagnóstico. Cualquier irregularidad menstrual o síntoma relevante debe ser evaluado por un profesional sanitario cualificado.

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