Entrenamiento compensatorio para suplentes en el fútbol: cerrar la brecha entre la carga del partido y la carga del banquillo
El jugador que no acumula minutos no está descansado: está desentrenándose de la competición. Y cuando por fin entra, lo hace en su semana de mayor riesgo. Guía práctica para cuantificar el déficit y diseñar la sesión compensatoria MD+1 con GPS.
Por el equipo de FR

Minuto 63. El central titular se lleva la mano al gemelo, hace un gesto al banquillo y se sienta en el césped. El míster se gira. El chico que se levanta a calentar lleva cinco semanas sin jugar más de quince minutos seguidos.
Sobre el papel, ha hecho todo bien. Vino a todas las sesiones. Cumplió el gimnasio, el MD-3, el trabajo de fuerza, los rondos. En la hoja de asistencia no hay un solo hueco. Su preparador te diría, con razón, que ese jugador “está entrenando”.
Y aun así entra en desventaja biológica. No ha corrido por encima del 90% de su velocidad desde hace casi un mes. No ha frenado a esa intensidad. No ha encadenado esos sprints con un rival encima y el marcador apretado. Está en forma para entrenar. No está en forma para competir.
Ese matiz —la diferencia entre estar fresco y estar preparado para el partido— es el corazón del entrenamiento compensatorio para suplentes en el fútbol. Y la literatura de los últimos años dice algo incómodo: ese jugador, en las semanas siguientes a reaparecer, es de los que más papeletas tiene para acabar en la camilla.
Este artículo no va de “meterle caña al suplente el domingo”. Va de tratarlo como lo que es: un problema de gestión de plantilla que se resuelve con ingeniería inversa y datos de GPS.
El banquillo no descansa: desentrena
Hay un malentendido de fondo en muchos cuerpos técnicos: confundir “fresco” con “preparado para competir”.
El suplente que juega poco acumula fatiga residual baja. Duerme bien, sus marcadores de recuperación están limpios, llega al fin de semana entero. Todo eso es cierto y todo eso es bueno. El problema es que la ausencia de fatiga no equivale a la presencia de las adaptaciones que da la competición.
El fútbol de élite tiene una característica que lo distingue de casi cualquier otro deporte de equipo: las acciones más exigentes —carrera a alta velocidad, sprint casi máximo, frenazos bruscos— se producen sobre todo en el partido, no en el entrenamiento habitual. La revisión narrativa de Clemente y colaboradores (2024) lo resume así: sin minutos de competición, hay un déficit de alta intensidad que las sesiones normales no compensan bien.
Llámalo como quieras: desentrenamiento específico de competición, descondicionamiento parcial, pérdida de exposición. El mecanismo es el mismo. El tejido tolera lo que conoce, y el tejido del suplente lleva semanas sin conocer la intensidad del domingo.
Aquí conviene una precaución. Este fenómeno está descrito sobre todo en fútbol profesional con calendario exigente. En categorías formativas puede pasar justo lo contrario: el estudio de Teixeira y colaboradores (2022) en una academia sub-élite portuguesa encontró que los no titulares hacían más distancia total semanal que los titulares (unos 428 metros más por semana), porque el cuerpo técnico prioriza igualar volumen. En cantera, el agujero suele estar en otro sitio. En un primer equipo con partido cada fin de semana, el agujero es de intensidad.
Cuánta carga le falta exactamente al suplente
Aquí es donde el GPS deja de ser un adorno y empieza a servir para algo.
Cuando comparas la carga semanal acumulada —entrenamiento más partido— de titulares y no titulares, aparece un patrón que se repite estudio tras estudio: el volumen se iguala casi solo; la intensidad no.
El trabajo de Varjan y colaboradores (2023), con seguimiento GPS de toda una temporada en un equipo sub-élite, lo muestra con claridad. La distancia total semanal fue prácticamente idéntica entre titulares y no titulares (en torno a 25.000 metros en ambos grupos, diferencia trivial). Pero:
- Carrera a alta velocidad: alrededor de un 14% más a favor del titular.
- Metros de sprint: en torno a un 25% más para el titular.
- Acciones de aceleración y deceleración de alta intensidad: aproximadamente un 11% más en el titular (diferencia moderada).
La mayor brecha dentro del microciclo apareció en el MD-1: el día previo al partido, el no titular suele hacer de “equipo rival” en las tareas tácticas y carga notablemente menos. Y las diferencias se concentraron en laterales, mediapuntas y delanteros —los perfiles que más corren a alta velocidad—, no tanto en centrales ni pivotes.

Cuando el filtro no es “titular / no titular” sino directamente los minutos jugados, la brecha se ensancha. En un equipo filial de LaLiga, Casamichana, Martín-García y colaboradores (2021) compararon la carga semanal según el tiempo de competición. Los datos disponibles del resumen apuntan a que un jugador con cero minutos, frente a uno que completa los 90, acumulaba en la semana en torno a un 25-30% menos de distancia total, pero algo más de la mitad menos de carrera a alta velocidad y de sprint (las cifras exactas conviene verificarlas en las tablas del texto completo antes de darlas por cerradas). El patrón cualitativo, en cambio, es sólido: el déficit se dispara justo en las métricas de intensidad.
Y no es un hallazgo aislado de un club. El estudio ya clásico de Anderson y colaboradores (2016) en la Premier League, siguiendo una temporada completa a jugadores clasificados por su estatus de titularidad, encontró que la duración total y la distancia total no diferían entre titulares, jugadores de rotación y no titulares. Lo que sí diferían era el trabajo de alta intensidad acumulado, y esa diferencia se explicaba por la participación en partidos, no por lo que se hacía en los entrenamientos. Una revisión sistemática reciente (Rago y colaboradores, 2025) confirma que la infracarga del jugador con menos minutos es un hallazgo consistente en la literatura, sobre todo en alta velocidad y sprint.
Traducción para el campo: tu club probablemente ya compensa el volumen. El agujero está en la intensidad de competición, y es justo la carga que más protege.
Por qué sube el riesgo de lesión cuando por fin juega
Esta es la parte que hay que contar con cuidado, porque es fácil exagerarla.
El estudio de Moreno-Pérez y colaboradores (2023), publicado en Sports Health, siguió durante tres temporadas a jugadores de dos equipos de LaLiga. Registraron 37 lesiones de isquiotibiales en 23 jugadores y las compararon con controles emparejados por equipo y posición. El hallazgo: los jugadores que se lesionaron habían tenido, de media, menos exposición de competición en los uno o dos partidos previos a la lesión.
Los autores identificaron algunos umbrales asociados a mayor probabilidad de lesión. En el partido anterior: haber jugado alrededor de 64 minutos o menos, haber hecho en torno a 328 metros o menos de alta velocidad, o menos de unos 5,8 kilómetros de distancia total. En la ventana de los dos partidos previos: unos 95 minutos o menos en total y aproximadamente 900 metros o menos de alta velocidad.
Hay que leer esto por lo que es: una asociación, no una relación de causa y efecto. El diseño es de casos y controles, con una muestra de lesiones pequeña —lo habitual en este tipo de estudio—. Nadie ha demostrado que “no jugar te lesione”. Lo correcto es decir que los jugadores lesionados de isquios habían acumulado, de media, menos minutos y menos metros a alta velocidad en los partidos anteriores.
El mecanismo que proponen los autores encaja con todo lo anterior: una exposición de competición demasiado baja podría ser insuficiente para mantener las adaptaciones, o incluso provocar cierto desentrenamiento, de modo que cuando el jugador tiene que rendir, su margen es menor. La idea de fondo, que en FR repetimos a menudo, es que el tejido tolera lo que conoce. Y el tejido del suplente lleva semanas sin frenar a tope.
Para dimensionarlo sin dramatizar: los recuentos epidemiológicos del fútbol profesional suelen situar la incidencia de lesión en partido en un rango de entre 20 y 35 lesiones por cada 1.000 horas de exposición, frente a unas 3-5 por 1.000 horas en entrenamiento —un orden de magnitud de diferencia—. El partido es, con diferencia, el escenario de más riesgo y también el de más estímulo protector. El suplente vive poco de los dos. (No existe, en la literatura revisada para este artículo, una cifra limpia de incidencia por hora en suplentes frente a titulares; no la inventamos.)
Todo lo que sigue en este artículo es metodología de entrenamiento, no consejo médico. Cualquier proceso de readaptación o vuelta tras lesión debe dirigirlo un profesional cualificado. Si quieres profundizar en el mecanismo concreto de la lesión de isquios, tenemos un artículo dedicado a ello en el blog, y otro sobre los criterios de retorno al juego tras lesión muscular.
Antes de seguir: llévate el marco completo
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Paso 1: cuantificar el déficit de cada jugador
El compensatorio bien hecho empieza con una resta. Y la resta necesita tres números.
Uno: la carga objetivo de referencia. Cuánto suele exigir un partido completo en ese puesto, en tus métricas clave. Aquí tus propios datos históricos mandan sobre cualquier tabla externa, pero como orientación, la literatura sitúa la carrera a alta velocidad de un partido profesional en un rango amplio según posición y estilo —la revisión de Clemente (2024) apunta a cifras que van de unos 600 a unos 1.000 metros de alta velocidad, con los extremos y carrileros en la parte alta y los centrales bastante por debajo; conviene contrastar estos rangos con los registros de tu propio equipo antes de fijarlos.
Dos: lo que el jugador ha jugado de verdad. No “estaba convocado”. Minutos reales y, si lo tienes, la carga de esos minutos. No es lo mismo entrar 20 minutos con el partido roto que entrar 20 minutos a presionar 3-4-3 perdiendo.
Tres: lo que ya le aporta el microciclo. El no titular no parte de cero: hace la sesión de MD-3, los rondos, el trabajo con balón. Ese aporte hay que descontarlo, no ignorarlo.
Déficit = carga objetivo de referencia − carga de competición real − aporte del microciclo.
Las métricas que de verdad importan para esta cuenta son las de intensidad: metros a alta velocidad, metros de sprint, número de aceleraciones y deceleraciones de alta intensidad, y la velocidad máxima alcanzada en la semana (un dato que a menudo se pasa por alto y que la evidencia sobre exposición a velocidad máxima y sprint en el fútbol señala como relevante).
Conviene individualizar por franjas de minutos, no jugador a jugador de forma artesanal. Una segmentación sencilla —0 minutos, 1-15, 15-30, 30-60, más de 60— suele ser suficiente para decidir a quién le toca compensatorio completo, a quién medio y a quién casi nada.
Leer el GPS para hacer esta cuenta bien —elegir métricas, fijar referencias por posición, decidir umbrales— es, literalmente, el contenido del curso Cuantificación de la Carga en el Fútbol.

Paso 2: diseñar la sesión compensatoria (MD+1) del no titular
Ya tienes el déficit. Ahora toca elegir contenidos que lo cierren de verdad, no que solo cansen.
El error más común es fiarlo todo a los juegos reducidos pequeños (formato 3-4 jugadores por equipo, espacios cortos). Generan mucha carga mecánica y mucha sensación de esfuerzo, pero apenas producen carrera a alta velocidad: no hay espacio para alcanzarla. Sirven para el componente de aceleración, deceleración y cambio de dirección. No sirven para la parte de alta velocidad y sprint, que es justo donde está el mayor déficit del suplente.
Lo que la evidencia disponible sugiere que funciona mejor:
- Juegos de formato grande o medio, con espacio individual amplio. Ribeiro y colaboradores (2025) recomiendan un mínimo aproximado de 200 m² por jugador para que aparezca la alta velocidad dentro de la tarea.
- Carrera a alta velocidad y repeticiones de sprint casi máximo como bloque específico, para cubrir la parte que ningún juego cubre del todo. Aquí es donde el suplente vuelve a “tocar” el 90-95% de su velocidad.
- Un bloque explícito de deceleraciones. Ribeiro identificó el frenado de alta intensidad (más de 3 m/s²) como el agujero más específico: las sesiones top-up replicaban solo alrededor del 40% de las deceleraciones del partido, bastante menos que las aceleraciones.
- Elementos tácticos de alta intensidad: transiciones, acciones de presión, contraataques. Acercan el estímulo al contexto real de competición.
Y ahora la parte honesta, la que separa un compensatorio serio de uno de postal: la sesión MD+1 no iguala el partido. Ni de lejos.
Los datos de Calderón-Pellegrino y colaboradores (2022), con más de mil observaciones en un club de LaLiga, comparan el partido del titular con la sesión compensatoria del día siguiente del no titular:
| Métrica | Partido | Sesión MD+1 compensatoria | Diferencia |
|---|---|---|---|
| Distancia total | ~10.170 m | ~4.660 m | −54% |
| Distancia a muy alta velocidad (zona 5) | ~270 m | ~71 m | −74% |
| Distancia de sprint (zona 6) | ~264 m | ~33 m | −87% |
| Número de sprints | ~14 | ~4 | −72% |
| Velocidad máxima alcanzada | ~30,5 km/h | ~26,5 km/h | −13% |
Los autores concluyen que la sesión compensatoria replica, según la métrica, entre un 13% y un 46% de las demandas del partido, con el mayor agujero en las acciones de alta intensidad. Ribeiro (2025) llega a números parecidos: alrededor del 46% de la distancia total, pero solo un 29-36% de la alta velocidad y entre un 17% y un 36% del sprint. Casamichana (2021) ya había descrito que la sesión compensatoria replicaba bien las aceleraciones y deceleraciones (por encima del 80% del partido) pero apenas un 20-30% de la alta velocidad.
El mensaje operativo: puedes cerrar buena parte del déficit de aceleración, deceleración y volumen. La alta velocidad y el sprint solo los cerrarás parcialmente, y solo si los programas de forma explícita. Si no metes un bloque de velocidad, no aparecen.

Paso 3: la dosis
Aquí la evidencia no da para un número cerrado, así que el marco es más importante que la cifra.
El único estudio de intervención publicado hasta la fecha sobre este tema (Liu, Li y Pu, 2025) usó un protocolo concreto con no titulares jóvenes: juegos reducidos 2 contra 2 después del partido, seis bloques de 3 minutos con 2 de descanso —unos 18 minutos de trabajo efectivo—, en un campo de unos 25 por 15 metros, buscando un esfuerzo percibido de 8-9 sobre 10. Con ese estímulo, el grupo que hizo compensatorio mantuvo mejor la capacidad aeróbica y la de sprints repetidos que el grupo que no lo hizo. La conclusión de los autores es prudente y útil: el compensatorio mitiga el declive de forma física por falta de minutos. No lo elimina.
Ojo con la lectura: ese protocolo era 2 contra 2, formato pequeño. Sirvió para mantener el fondo, pero por diseño no cargaba alta velocidad. Es una confirmación de que “hacer algo” funciona, no una plantilla a copiar tal cual.
Principios de dosificación que se sostienen con lo que sabemos:
- Bloques de trabajo cortos e intensos (del orden de 3 minutos) con densidad alta, en lugar de una tirada continua suave.
- Dirige el volumen de alta velocidad y sprint a cubrir una fracción realista del déficit, no el 100%. Intentar replicar el partido entero en una sesión es la forma más rápida de crear un pico de carga aguda que se convierta en otro problema.
- Cuidado con el ratio carga aguda / carga crónica. El suplente viene de semanas de intensidad baja; su carga crónica está deprimida. Meterle de golpe una sesión muy exigente dispara el ratio. Se sube de forma progresiva.
- Adapta al calendario. Hills y colaboradores (2020) describieron que, en la práctica real, con calendario laxo las sesiones top-up cargan más distancia, y con calendario congestionado se prioriza aceleración y deceleración y se baja el volumen. Es una adaptación sensata: en semana de tres partidos, el compensatorio del que no juega se recorta y se concentra en lo esencial.
Y no lo dejes todo para el MD+1. Ribeiro (2025) recomienda repartir también estímulos top-up en MD-4 y MD-3, aprovechando los días de mayor carga del microciclo para colar trabajo extra al no titular sin inventar una sesión aparte.
Paso 4: monitorizar y cerrar el bucle
Una sesión compensatoria sin control posterior es una intención, no un método.
Después de cada MD+1, la pregunta no es “¿han sudado?”. Es “¿ha dado la sesión lo que la cuenta del Paso 1 decía que hacía falta?”. Y eso se responde con el GPS:
- Metros reales a alta velocidad y de sprint en la sesión.
- Número de esfuerzos por encima del 90-95% de la velocidad máxima individual.
- Velocidad punta alcanzada (¿ha llegado el jugador a tocar su techo, o se ha quedado lejos otra vez?).
- Número de deceleraciones de alta intensidad.
Si la sesión buscaba 300 metros de alta velocidad y el GPS marca 120, la sesión no ha cumplido su función aunque el jugador acabe reventado. Ese dato cambia el diseño de la semana siguiente.
Además del control por sesión, conviene un seguimiento del ratio carga aguda / carga crónica de cada no titular, y un registro semanal sencillo por jugador: déficit estimado, contenido aplicado, carga conseguida, diferencia. Con cuatro o cinco semanas de ese registro tienes un retrato real de quién está llegando bien a una hipotética titularidad y quién no.
Montar este circuito de monitorización —qué medir, cómo interpretarlo, qué decisiones tomar con cada señal— es el terreno del Experto en Análisis de Rendimiento Físico y de La Preparación Física en la Élite. Gestionar al no titular es, al final, una decisión de plantilla, no de un jugador suelto.
Aprende a leer y dosificar el GPS de tu plantilla
Todo este artículo es, en el fondo, un caso de uso de una sola competencia: cuantificar la carga y tomar decisiones con ella. Ese es el contenido del curso Cuantificación de la Carga en el Fútbol.
El compensatorio no es solo el MD+1: el día de partido del suplente
Todo lo anterior se centra en la sesión del día siguiente. Pero el jugador que no entra —o entra pocos minutos— tiene una ventana de trabajo el propio día de partido que se desaprovecha con frecuencia.
Tres momentos:
- El calentamiento en banda. El suplente calienta al principio y luego se enfría en el banquillo. Cuando por fin entra, arranca lejos de su estado óptimo.
- Los re-calentamientos durante el partido. Mantener al posible relevo en un estado de activación razonable a lo largo de la segunda parte.
- La mini-sesión tras el pitido final. Si no ha entrado, el propio día del partido es una oportunidad de estímulo que no compite con el MD+1 del resto de suplentes.
Existe una línea de investigación sobre cómo modificar lo que el suplente hace antes de saltar al campo —el llamado pre-pitch entry— para llegar al terreno de juego en mejores condiciones. Los detalles concretos de esos protocolos conviene contrastarlos en las fuentes originales, pero la idea de fondo es clara: el compensatorio empieza en el MD-1 y no termina hasta el MD+1, y el día de partido forma parte de la ecuación.
Lo que la evidencia todavía no sabe
Honestidad intelectual, que es marca de la casa.
El entrenamiento compensatorio para no titulares es un campo joven. Hasta agosto de 2023, la revisión de Clemente contabilizaba alrededor de diez estudios indexados sobre el tema, la mayoría de 2022 y 2023. Casi todo lo publicado es descriptivo: mide cuánto replica una sesión respecto al partido, pero no compara protocolos entre sí ni establece relaciones dosis-respuesta. Solo hay un estudio de intervención con grupo de control, y es de muestra pequeña y jugadores jóvenes.
Qué asumimos con base sólida:
- El déficit del no titular existe y se concentra en alta velocidad y sprint.
- La sesión MD+1 no iguala el partido, y en alta velocidad se queda muy corta.
- Menos exposición de competición se asocia —no “causa”— a más lesión de isquios.
Qué todavía no sabemos bien:
- Cuál es la dosis óptima de alta velocidad compensatoria.
- Cuánto del déficit conviene perseguir sin generar un pico de carga contraproducente.
- Si compensar de más tiene sus propios riesgos.
En la duda: prudencia, progresión y tus propios datos.
Checklist: el sistema de compensatorio de tu plantilla
- Define la carga objetivo de referencia por posición con tus propios datos de partido, no con tablas ajenas.
- Clasifica a los no titulares por franjas de minutos cada semana (0, 1-15, 15-30, 30-60, +60).
- Calcula el déficit de cada franja en métricas de intensidad: alta velocidad, sprint, aceleraciones y deceleraciones, velocidad máxima.
- Diseña el MD+1 con juegos de formato grande (≥200 m²/jugador) + bloque específico de velocidad y sprint + bloque de deceleraciones + trabajo táctico de alta intensidad.
- No fíes la alta velocidad a los juegos reducidos pequeños: no la producen.
- Dosifica en bloques cortos e intensos, cubriendo una fracción realista del déficit, no el 100%.
- Vigila el ratio carga aguda / carga crónica de cada no titular; sube progresivo.
- Adapta al calendario: semana congestionada, menos volumen y foco en aceleración/deceleración.
- Reparte estímulos también en MD-4 y MD-3, y trabaja el día de partido (calentamiento, re-warm-ups, mini-sesión post-partido).
- Cierra el bucle: comprueba en el GPS que la sesión dio lo previsto y lleva un registro semanal por jugador.
El compensatorio no iguala el partido. Pero un suplente con un sistema detrás llega a su oportunidad en condiciones muy distintas a las de un suplente que solo “ha entrenado bien”.
Fuentes y referencias
- Clemente, F. M., et al. (2024). Balancing the load: a narrative review with methodological implications of compensatory training strategies for non-starting soccer players. Biology of Sport. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11475008/
- Varjan, M., et al. (2023). Weekly Training Load Differences between Starting and Non-Starting Soccer Players. Journal of Human Kinetics. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10875698/
- Casamichana, D., Martín-García, A., et al. (2021). Accumulative weekly load in a professional football team: with special reference to match playing time and game position. Biology of Sport. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8805368/
- Anderson, L., et al. (2016). Quantification of Seasonal-Long Physical Load in Soccer Players With Different Starting Status From the English Premier League. International Journal of Sports Physiology and Performance. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26915393/
- Moreno-Pérez, V., et al. (2023). Reduced Match Exposure in the Previous 2 Matches Accounts for Hamstring Muscle Injury Incidence in Professional Football Players. Sports Health. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10732102/
- Calderón-Pellegrino, G., et al. (2022). Physical Demands during the Game and Compensatory Training Session (MD+1) in Elite Football Players Using GPS. Sensors. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9145854
- Ribeiro, J., et al. (2025). Running demands during top-up conditioning sessions compared to competitive matches in elite Portuguese soccer players. Biology of Sport. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12490323/
- Hills, S. P., et al. (2020). Profiling the Post-match Top-up Conditioning Practices of Professional Soccer Substitutes: An Analysis of Contextual Influences. Journal of Strength and Conditioning Research.
- Liu, T., Li, M., & Pu, X. (2025). Using Game-Based Compensatory Strategies in Non-Starter Soccer Players: Analyzing The Impact on Physical Fitness Development. Journal of Sports Science & Medicine. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12418194/
- Rago, V., et al. (2025). Accumulated training load between football players exposed to different playing times: A systematic review. International Journal of Sports Science & Coaching. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/17479541251315667
- Teixeira, J. E., et al. (2022). Weekly Training Load across a Standard Microcycle in a Sub-Elite Youth Football Academy: A Comparison between Starters and Non-Starters. International Journal of Environmental Research and Public Health. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9517031/
Nota de rigor: varias cifras de este artículo (los porcentajes de déficit semanal por minutos jugados de Casamichana 2021, los valores exactos de Anderson 2016, los rangos de alta velocidad por posición de Clemente 2024 y la atribución precisa de datos entre los trabajos de Hills 2020) proceden de resúmenes o requieren verificación en el texto completo antes de publicar. El mensaje cualitativo de cada estudio sí está contrastado. El estudio de Moreno-Pérez 2023 es de casos y controles: muestra asociación, no causalidad.
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Y si este artículo te ha servido, mándaselo al compañero de tu cuerpo técnico que todavía cree que al suplente le basta con “entrenar fuerte”.
Por el equipo de FR

